Menos espiritualidad

a.r.e. | santiago

SANTIAGO

28 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«Un baño de humanidad». Con estas palabras calificó el italiano Silvio al Camino de Santiago. Él, junto con nueve compañeros italianos y un chico de Burgos, llegaron el pasado 25 de agosto a Compostela. Motivos religiosos y espirituales fueron los que motivaron a los once peregrinos a caminar hasta el Obradoiro. Aunque la experiencia fue «bellísima», en palabras de Silvio, el italiano se queja de que «el año santo de 1999 fuera más espiritual». «Aquel año la gente iba cargada con las mochilas hasta el final; éste había muchos coches de apoyo», revela Silvio al tiempo que declara que lo que más recuerda es «la amistad que se va forjando en el Camino con los demás peregrinos». Tras haberse quedado durante cuatro días en Santiago, en el albergue del Monte do Gozo concretamente, aseguran que volverán a pisar la capital de Galicia con la mochila al hombro con total seguridad. Por devoción al santo. Hay quienes aprovechan la mínima oportunidad para ponerse a caminar y cumplir así la promesa con el Apóstol. Luis Manuel y Antonio, dos guardias civiles asturianos, tenían tan sólo tres días para peregrinar a Santiago. Ni cortos ni perezosos, se pusieron sus botas, se cargaron la mochila y con punto de partida en Portomarín, comenzaron a andar el pasado día 26. Antonio ya estuvieran en Compostela en el Xacobeo de 1999, año que recuerda muy bien porque un compañero suyo le talló su bordón con las etapas recorridas tras su regreso a casa. A pesar de que se quejan de que tengan los «pies fastidiados», los dos coinciden en que la experiencia ha sido gratificante hasta el final. Además, sus esposas los esperaban en la meta para pasar los cuatro un día de visita en la ciudad. Carrera de peregrinos. La mayoría de los peregrinos que llegan a Santiago en agosto coinciden en que quizás este sea el peor mes para hacerlo, pero también están de acuerdo en que agosto es el mes en el que más gente está de vacaciones. María, una asturiana que pisó ayer por la mañana la praza del Obradoiro, afirma con contundencia que hay demasiada gente en los albergues, y que más que una agradable experiencia, el Camino parece una carrera para ver quién llega antes a la meta. Hacer un viaje cultural y reflexionar al mismo tiempo fue lo que la movió a peregrinar a Compostela. Esta vez partió de Sarria, pero está convencida de que en la próxima ocasión, lo hará desde Roncesvalles. Un hormiguero inesperado. El Camino depara, a veces, sorpresas de lo más inesperadas y que en circunstancias diferentes podrían llegar a molestar. Íñigo, de Valladolid, salió de Ponferrada solo, pero en Sarria se unió a su hermana para llegar juntos al Obradoiro. Un reto personal lo motivó, al igual que en el año santo de 1993, a peregrinar a Santiago. Anteayer, a la altura del aeropuerto de Lavacolla, desfallecido por el cansancio, decidió echarse una siesta en un campo. «Tiré la mochila y me acosté sobre la hierba-relata Íñigo-, y poco después me di cuenta de que me había acostado sobre un hormiguero». «Tuve que desnudarme por completo, sacudir todas las hormigas, y ponerme a caminar de nuevo; aunque me lo tomé de coña», concluye el vallisoletano sonriente.