La competición jacobea

Adriana R. Eiroa santiago

SANTIAGO

Juntos hasta Finisterre. Lula, Chavi y Nikki se conocieron en Portomarín y se hicieron tan buenos amigos que, tras llegar al Obradoiro, decidieron caminar juntos hasta Finisterre. Lula, de origen sevillano, partió de Pamplona con la intención de «conocer gente del Norte» y «ponerse fuerte» en el Camino a Santiago. Nikki procede de Inglaterra y decidió peregrinar desde Roncesvalles «para aprender español» e «ir a las misas porque son muy divertidas». Chavi, de Andorra, salió de Irún para conocer gente nueva, caminar y «correr alguna aventura». Los tres tienen procedencia diferente pero está claro que el Camino no entiende ni de idiomas, ni de orígenes. «Hasta Galicia todo fue cooperación; comíamos juntos y nos apoyábamos, pero a partir de Ponferrada, la competición por llegar hasta el albergue siguiente es tal, que se pierde el compañerismo», cuenta Lula quejosa. A ellos, la competición tan sólo los rozó porque no se molestaron en levantarse temprano para ponerse a caminar. «Tuvimos que dormir en la calle y en varias iglesias, pero teníamos claro que no íbamos a competir», añade Lula. ?uevos músculos. Un total de 258 kilómetros anduvieron los siete escultistas tarraconenses del grupo Scouts Fent Camí desde que salieron de Astorga el pasado día 17 de agosto. «Cada verano buscamos una ruta para hacer alguna excursión y este año le tocó venir a Santiago porque queríamos vivir la experiencia Xacobea», narra Jusep, monitor, junto con Marta, del grupo de escultistas. Lo primero que hicieron tras su llegada a la meta fue buscar un lugar donde comer pulpo á feira acompañado de un Ribeiro. Para ellos la experiencia fue muy gratificante «porque nos ayudamos mutuamente», declara Marta orgullosa, aunque se queja de que en Galicia «los albergues son muy flojos y están mal cuidados». Como detalle curioso Marta revela que: «Durante la andadura descubrimos músculos que nunca nos podríamos imaginar que existen». Experiencia única. Lidia y Dani, una pareja de Barcelona, salieron el pasado lunes de Sarria con la intención de vivir una experiencia única. El ansia de llegar al Obradoiro fue lo que los puso en pie cada día. Cuando coronaron la plaza no hacían más que, entre abrazos, regocijarse por la llegada, cual si hubieran conseguido el oro por cruzar la meta en primer lugar. A pesar de quejarse de que en los albergues hay mucha competición y hay que levantarse a las seis de la mañana para ponerse a andar, valoran la experiencia como positiva. Un día tuvieron que dormir en una pensión porque no había sitio en los albergues y su cansancio era extremo. Evasión de la realidad. No son pocos los peregrinos que deciden echarse a andar solos para poder reflexionar. Es el caso de Antonio, un joven murciano, que decidió peregrinar solo a Santiago precisamente para poder reflexionar y «salir de la realidad cotidiana». «He pensado mucho y tengo las cosas muchos más claras», recuerda Antonio. «Después de Sarria, los albergues se masifican, pero la actitud de la gente es positiva en general, salvo los que hacen el tramo final por competir», manifiesta el murciano. Asegura que repetirá la experiencia sin lugar a dudas.