Una experiencia educativa

Adriana R. Eiroa santiago

SANTIAGO

Ocho nacionalidades. El ansia de superación y la dificultad del Camino puede compararse, en ocasiones, a los retos que plantea la vida. Que aprendieran lo que es la «supervivencia ante la adversidad», es lo que intentó el monitor polaco Jurgen Hoffend, a cargo de un grupo de 35 chicos de centros de menores de Bilbao, Gelsenkirchen (Alemania) y Lublin (Polonia). Un programa apoyado por la Unión Europea y regido por la congregación de Terceros Capuchinos los trajo a Santiago. La experiencia, que comenzó el pasado día 14 en Mansilia de las Mulas (León), fue «dura», en palabras de Jurgen, aunque «también hay que decir que los chavales tuvieron mucho aguante y nunca se quejaron», añadió el polaco. De ocho nacionalidades diferentes, desde europeos y sudamericanos hasta incluso africanos, estos 35 chicos de entre 14 y 19 años, compartieron doce días de peregrinaje. Distinción en kilómetros. Diana y Gabriela son de origen venezolano aunque viven, desde hace años, en Madrid y en Valencia respectivamente. El martes de la semana pasada decidieron emprender la ruta a Santiago desde O Cebreiro por primera vez en su vida. A la pregunta de si tienen pensado repetir, contestan que sí de forma contundente y prácticamente al unísono. «Aunque nos mojamos un poco, el contacto con la gente lo hizo todo mucho más llevadero», comenta Diana divertida. «Lo que más nos ha gustado es que desde que llegamos el domingo, nos hemos ido encontrando con los peregrinos del Camino», declara Diana al tiempo que añade que su mayor sorpresa fue la de ver que los kilómetros en Galicia son diferentes de los del resto de España. Tuvieron que comprar dos rodilleras, «aunque seguramente sea lo que cuenten todos los peregrinos a su llegada al Obradoiro», declara Gabriela. Amabilidad y competición. «La gente en el Camino es totalmente extremista; por un lado te encuentras con peregrinos muy amables, y por otro, en los albergues, percibes mucha competitividad por ser el primero en llegar», manifiesta Dalmau, de Barcelona, que junto con su novia Ana Jiménez, pisó ayer el Obradoiro tras salir el pasado 17 de agosto de Becerreá. Para Ana, la experiencia ha resultado ser realmente bonita pero igual de sufrida. Una promesa con el Apóstol los motivó a peregrinar a Santaigo. Aunque están seguros de que quieren repetir experiencia, por el momento se muestran satisfechos con lo que han conseguido y hasta dentro de dos años no tienen pensado volver. ?ayor fortaleza. Que es más fuerte de lo que pensaba, es la gran conclusión que sacó el húngaro Laszlo Sallai de su experiencia de peregrinar a Santiago. Partió de Francia el primero de agosto y tras un «duro final», llegó al Obradoiro. Laszlo se puso a caminar para pensar en sus cosas y «reflexionar», según él, en cómo iba a ser su vida a partir de ahora. El Camino Francés resultó estar demasiado saturado de peregrinos, por lo que si repite, «será por el Camino del Norte», expone Lazlo mientras saluda a un compañero de peregrinaje que, al igual que él, espera obtener la compostela.