Con la mochila a cuestas. El hombre del «mochilón» es Guillermo , es de Sevilla y ha venido desde León cargando con esta mochila que es más grande que él y acompañado de Mónica . Los dos han venido por motivos religiosos y culturales, y opinan que el Camino es muy bonito salvo las entradas y salidas de las ciudades. «La entrada en Santiago sí está bastante bien porque no se pasa por ningún polígono industrial. Pero la de León, por ejemplo, es horrible». Mónica ha encontrado, como otros muchos, pegas a las condiciones de los albergues, pero en este caso no a causa de las colas o de la falta de sitio. «Hay albergues en los que carecen de los productos más básicos, estuvimos en alguno en el que hasta faltaba el papel higiénico, y esto es por descuido de los hospitaleros, lo que no me parece bien porque no es lo mismo que por necesidad». Sin mochila. Pro «mochilones» son Luisa , Carlos , Ángeles y Juán , que se quejaban, mientras descansaban sobre los suyos, de la gente que viene sin mochila: «Cogen plaza en los albergues antes que los que sí la llevan, llegan antes, menos cansados y duermen mejor, esto no debería permitirse. Hay algunos que, prácticamente hacen trampas. Vienen con un coche escoba y sin mochilas. Pero eso es engañarse a sí mismos, no es hacer el Camino realmente, eso es como ir de paseo». Luisa y Carlos son de Pontevedra, Ángeles y Juan, de Vigo, y afirman entre carcajadas que lo mejor de la experiencia fue conocer a los de Pontevedra, a pesar de la rivalidades. En cuanto a los motivos todos dicen que por probar una nueva forma de viajar y conocer gente. Juan es el único que no parece estar completamente de acuerdo con esto y sentencia: «De motivos religiosos sí que nada. Lo hemos hecho porque somos masocas». ?in mochileros. Huyendo de la gente, de las aglomeraciones, de los mochileros falsos y de los verdaderos, esta familia de madrileños decidió hacer el Camino Portugués desde Tui. Sin ninguna duda consiguieron un viaje más tranquilo, pero ni aun así se libraron de dormir en un polideportivo una noche, lo que ya les pareció bastante. Y después de tanta paz, llegaron a Santiago y se toparon de frente con la masa que rodea la catedral en sus tres plazas más conocidas. El susto debió ser importante. Pero de todas formas Ana y José Antonio posaron así de contentos junto a la Oficina del Peregrino con sus recién adquiridas compostelas en la mano. A caballo. Desde O Cebreiro vienen a caballo José Manuel y Avelino . Aunque son pocos, los peregrinos jinetes, al igual que los ciclistas y los caminantes, también tienen sus propias quejas. «Durante el Camino nos ha ido bien en todas partes, con la gente. Pero al llegar a Santiago nos llevamos varias sorpresas, sin previo aviso, te mandan poner un fax para avisar de que has llegado», se quejan. «Además Protección Civil viene con nosotros, aunque ahora no está aquí». Estos peregrinos procedentes de Madrid y Galicia no están en absoluto conformes con el trato que se les ha dado en la ciudad. «Nos tratan como apestados y nos ponen un montón de condiciones. Nos obligan a venir a las diez e ir a Xoán XXIII».