Una bonita experiencia. «Es precioso, una experiencia inolvidable», dicen la mayoría de los peregrinos cuando llegan a Santiago. Pero no todo es jauja en el Camino, y estos días, las aglomeraciones y el mal tiempo traen peregrinos de mal humor. María Ágeda y Roser vienen haciendo el Camino desde León y dicen que al llegar a Galicia la ruta se convierte en una incómoda competición. «Hasta Sarria estuvo muy bien, la gente muy tranquila. Pero después se convierte en una carrera, sobre todo por los albergues. Algunos traen furgonetas de apoyo y vienen sin mochilas para llegar antes y cojer sitio, o pagan un taxi. Hay taxis que se dedican a eso, por dos euros te llevan la mochila al albergue que tú quieras». A quienes hacen la ruta a la manera tradicional no les sienta demasiado bien que otros utilicen estos sistemas. «La esencia del Camino es el cansarte, cargar con tus cosas... Hay gente que viene sólo por la Compostela, por el papel. A partir de Sarria eso se nota muchísimo», dice María Ágeda. «Además, los hay que vienen en plan señorito, ya no sólo por lo de las mochilas, hemos escuchado hasta quejas por la comida de los albergues. Y esta actitud se nota también en la convivencia, que se vuelve mucho más fría». Esperar a la intemperie. Otra que no se ha quedado del todo satisfecha con la experiencia ha sido Ana , una chica valenciana que ha hecho el Camino desde León con seis amigos. «Yo venía con unas ideas en cuanto a costes que no tienen nada que ver con la realidad. Me habían dicho que en los albergues municipales no cobraban y a mí me han cobrado en todos los de León y en varios de Galicia. Lo que más me ha sorprendido es que en Santiago he tenido que pagar cinco euros, como mínimo aquí deberían darte una noche gratis en el albergue municipal». Los precios no fueron la única decepción para Ana, la atención no siempre ha sido correcta. «Llegamos al albergue de O Cebreiro bajo una tromba de agua, queríamos entrar sólo para no mojarnos, nada más, y no nos lo permitieron porque estaban limpiando. Tampoco nos podíamos ir porque si volvíamos más tarde no habría sitio. Tuvimos que estar tres horas a la intemperie y hubo gente que se resfrió». Pero, como el resto de los peregrinos, hay algo que Ana no puede negar: «El Camino es muy bonito y he conocido mucha gente encantadora».