Un programa pionero enseña a apoyar a cuidadores de enfermos

Joel Gómez SANTIAGO

SANTIAGO

Quince jóvenes estrenan la iniciativa de la UE y el Concello Personas ancianas y con discapacidad grave «queman» a quienes les ayudan a sobrevivir día a día

14 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?a vida de numerosas personas cambia de repente por un accidente o la enfermedad de un familiar, que queda en condiciones de no poder valerse. La dedicación que le prestan les lleva con frecuencia a perder el empleo y romper sus hábitos sociales. Son los cuidadores informales, que llegan a una situación de «queme» por la presión a la que se ven sometidos, y olvidados de todos. La media de edad de este colectivo, mayoritariamente femenino, es de 52 años, aunque abundan a partir de los 45, y en muchos casos superan ya los 65 años, por lo que también empiezan a necesitar cuidados. El Concello y el programa Persona de la UE organizan un pionero curso, en el centro cultural Xoán XXIII, que forma a 15 expertos -la mayoría psicólogos, pedagogos y trabajadores sociales, pero también hay licenciados en filosofía, maestros y personal sanitario- para aprender a apoyar psicosocialmente a cuidadores. La médica y gerontóloga Teresa Bouzas, coordinadora de esta actividad, explica que su objetivo son quienes cuidan a ancianos, sobre todo enfermos de alzhéimer u otras demencias, el colectivo más conocido y para el que incluso existen algunas ayudas públicas. Pero también otros más olvidados, como los dedicados a atender niños autistas, enfermos psiquiátricos, o jóvenes con daño cerebral grave por causa de accidente. Este semestre se les enseñarán las características de cada una de esas discapacidades y dolencias, para que comprendan mejor cómo se sienten quienes se esfuerzan día a día para que sobrevivan. Y les entrenarán para detectar necesidades de los cuidadores: desde ayudarles a reorganizar la red social que perdieron por la dedicación a esa persona y a reestructurar sus propias vidas, a facilitarles descanso, que sepan hablar de su problema, recomendarles la asistencia a centros socioculturales o la práctica deportiva, y otras alternativas. «Muchos cuidadores están metidos en un pozo del que no son capaces de salir», explica Teresa Bouzas, y destaca la dificultad de esta actividad, pues hay pocos programas reales orientados para estas personas. Teresa Bouzas resalta el interés de esta formación en Santiago, donde no hay centros de día suficientes para asistir a esos colectivos de jóvenes y mayores dependientes. Además, en ocasiones los cuidadores creen que está mal visto socialmente y que es como un abandono dejar al familiar enfermo o discapacitado unos días en una residencia o en un centro especializado para descansar, o que nadie les cuidará como ellos, otros mitos a desterrar.