Enfados bajo la lluvia. La lluvia caía sin cesar sobre Santiago y algunos peregrinos intentaban resguardarse de ella bajo los soportales. María Ángeles y Antonio, un matrimonio de Béjar (Salamanca) estaban sentados bajo los de Platerías, con cara de enfado. Empezaron a contar su historia y, en realidad, estaban, ante todo, decepcionados. «Hasta O Cebreiro todo iba genial pero, a partir de ahí, las cosas fueron de mal en peor». Ángeles explicaba que noche tras noche «veíamos como la gente que viene de vacaciones llegaba pronto al albergue y cuando llegabas tú, destrozado, te decían que no había sitio». «En Melide, después de caminar 40 kilómetros, llegamos y nos dicen '¿por qué no vinisteis antes?'»comenta Antonio. Pero para ellos eso aún no fue lo peor. «Yo pensé que, después de todo, al llegar a Santiago nos iban a recibir con los brazos abiertos; en cambio, nos encontramos con una cola tremenda y, después de estar casi tres horas en ella, al llegar nos dicen 'vuelva usted mañana' y nos cierran la puerta en las narices». Y Antonio concluye: «Me marcharé sin la compostela, porque hoy no pienso esperar. Te tratan mejor en cualquier albergue del Camino que en Santiago, y eso es muy triste». Más enfados. Quimi, Rubén, Sergio y Julio se acercaron a Antonio y María Ángeles para darles la razón en todo lo que acababan de oír. Ellos vienen en bicicleta desde Tui y, aunque no tuvieron problema con los albergues por utilizar una ruta alternativa a la elegida por la mayoría de los peregrinos, sí se encontraron con la cola para conseguir la compostela. Ellos, al igual que el matrimonio de Béjar, decidieron no esperar ayer. «Así, empapados como estamos, y con lo que llueve, no podemos esperar ahí horas y horas», comentan resignados. Así que estos amigos, que son de Mos, se marcharán de Santiago, como Antonio, sin la compostela. Haciendo amigos. En los soportales estaban también Andrés y Leire, que hacía escasos cinco minutos que se conocían. La lluvia que caía insistentemente sobre Compostela hizo que muchos peregrinos decidieran dejar las mochilas a cubierto mientras esperaban en la cola para recoger la compostela. Así, se iban turnando y cada cierto tiempo uno se encargaba de vigilar las mochilas mientras otros estaban en la cola. Andrés es almeriense y viene con su padre caminando desde O Cebreiro, después de retarse el uno al otro con que no eran capaces de llegar. Además de sus mochilas, también vigila las de unos salmantinos que conocieron por el Camino. Leire, que es vasca, viene con una amiga desde Sarria y asegura que lo peor del Camino es «esperar en todos sitios». Cantando y felices. Ajenas al cansancio y aburrimiento de los que esperaban, estaban ellas dando un toque de alegría a la mañana gris y lluviosa. Eran veinte chicas de Nantes (Francia) del grupo Scouts de France que llegaron caminando desde Sarria. Amandine, que chapurreaba algo de español, contaba cómo prepararon el Camino en un campo de scouts y lo genial que había resultado ser la experiencia. Para ellas, al contrario que la mayoría de los peregrinos, lo peor no era esperar, sino la lluvia que caía sin piedad.