Adictos al camino. Una vez que se emprende el viaje hacia Santiago, hay que asumir que es una actividad que puede provocar adicción. Un ejemplo de esto es Julián, para él es su tercera llegada a Compostela y en otra ocasión ya había realizado seis etapas más de la ruta jacobea. Viene acompañado de Gaizka y Chumari, los tres son de muy cerca de Gernika y llegaron caminando desde Sarria. Su aventura no finalizará hasta llegar a Fisterra, hasta donde parten otra vez en cuanto sellen su Compostela. Pero su afición aún va más allá ya que para ellos esto no es más que un calentamiento. De momento se atrevieron con este trecho para conocer la experiencia y saber en qué consistía. Aseguran que la próxima ocasión recorrerán más kilómetros. La afición de estos chicos roza la dependencia ?otivos culturales. Naroe es un peregrino canario que afirma llegar a Santiago tras proponerse hacer un camino más cultural que religioso. Viene con tres amigos y juntos, al igual que los compañeros de Gernika, llegarán hasta Fisterra. Su afición por el senderismo y la naturaleza los han traído hasta la capital de Galicia. Aquí se encontraba Naroe, contemplando la fachada del Obradoiro de la que asegura impone respeto al margen de toda religiosidad. No cabe duda de que el Camino de Santiago es también una ruta más en el mapa de muchos aficionados de las actividades de contacto con la naturaleza. El componente religioso es el leit moti v de muchos de los que vienen pero tampoco nos podemos olvidar de la cantidad de gente que rodea al camino y no comparte creencias o costumbres pero también ayuda a engrandecer esta tradición . Comiendo papilla... y leche merengada durante varios días se mantuvieron estos intrépidos chicos y chica de Madrid. Traen un montón de quejas justificadas ya que, según denuncian, en algunos albergues se compinchan con los bares de ciertas zonas y la picaresca obligaba a consumir en los establecimientos comerciales. Dicen que no es la tendencia pero que sí se lo han encontrado. La higiene es otra de las carencias puesto que traen picaduras de, ni más ni menos que, ¡pulgas! En fin, tras este cúmulo de despropósitos también destacan la cara más positiva, la experiencia cultural y deportiva no se la quita nadie, también hablan de cierto componente masoquista ya que lo hicieron un poco por «sufrir». ?onfraternizando. Érase una vez un padre y su hijo, y no se trata de un cuento, aunque comience en Roncesvalles. Paco Rosas empezó ahí la primera de sus nueve etapas y su hijo David se le unió en Burgos tres días después. En bici y sin contratiempos hasta llegar al Obradoiro. Ni un pinchazo en casi novecientos kilómetros y la casualidad le hace tener el último percance en la milenaria plaza, Paco probó las piedras de la misma cuando se disponía a posar para la foto, una anécdota graciosa y sin consecuencias para finalizar una experiencia maravillosa, definidada en sus propias palabras. El único percance lo tuvieron al embarrarse en los caminos encharcados por aspersores mal orientados en patatales genuinos. Oriundos de Madrid, seguro que en las calles del Paseo de la Castellana nunca les pasaría.