El punto débil, los albergues. Esther , Bernar , Toño , Carmen , Eloy y Juan son de Carballiño y vienen caminando desde Sarria. El balance que hacen del Camino es muy positivo, especialmente por el paisaje y las personas que conocieron, pero sí tienen una queja en lo que se refiere al estado de los albergues. «Onte (por el miércoles) foi o peor, en Santa Irene non había ninguén atendendo alí, nin contestaban ao número de teléfono que se indicaba e estaba moi sucio. Aí si que tiña que ir gravar a televisión», se quejaba Esther. Toño explicaba que, además, muchas veces era un problema para los peregrinos que iban a pie el hecho de que los que hacen el Camino con coche de apoyo o en bicicleta llegan antes a los albergues y entonces se quedan sin cama quienes vienen caminando con sus mochilas. Volver a ser niños. Todo el mundo se giró hacia ellos cuando entraron en la praza do Obradoiro los chicos de la «Marcha de Teresianos Sanjuanista» perteneciente al «Movimiento de los Carmelitas Descalzos». Setenta chicos de distintos lugares de Portugal, España y Francia entraban ayer en la plaza cantando y saltando, satisfechos por la culminación del Camino. Este grupo, cuyo lema es la frase de San Juan de la Cruz, «Luz para el Camino» peregrina todos los años. «Somos peregrinos como actitud de vida», decía Concordia , la madre de uno de los coordinadores, que acompañaba al grupo y que, como decía ella, hacía de «un poco, la madre de todos». Para estos chicos, lo mejor del Camino fue su estancia con los monjes del Císter, donde jugaron, se cayeron, y rieron sin complejos. «La idea de nuestra peregrinación es volver a ser niños», decía Concordia. Música tradicional. Darío y Jasmine son de Varese, en Italia, y comenzaron su Camino el 25 de junio en Saint Jean Pied de Port, en Francia. Los motivos culturales fueron la razón que más les animó a emprender la peregrinación, pero la posibilidad de conocer a otros caminantes y mientras tanto dedicar una gran parte del tiempo a la reflexión hizo que el Camino resultara para ellos una «experiencia increíble». Se encontraron con que en algunos lugares, como Navarra, los albergues les resultaron muy caros y mal dotados, pero la peregrinación les dejó en la memoria algunos momentos que difícilmente podrán olvidar, como el haber podido disfrutar en el País Vasco de un concierto de música tradicional. Estrechando lazos. «Ha sido muy duro, pero increíble» decía una de las chicas, cansada y tirada en la praza do Obradoiro sobre su mochila. El Camino para estos quince peregrinos de Mallorca había comenzado en León el día 18. Una parte del grupo pasó las primeras noches durmiendo en albergues, mientras los demás tenían reservadas habitaciones de hotel. Las experiencias y motivaciones para emprender la peregrinación fueron muy diferentes para cada uno de ellos. «Yo, simplemente, tenía que hacerlo», decía Patricia . Pero sí había un sentir común, según Vicente : «El Camino que nosotros hemos hecho se resume en un gran sentimiento: quieres mucho más a toda tu gente».