HABERLAS HAYLAS | O |
23 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.DECÍA sabiamente mi abuelo que «na noite de San Xoán non queda na casa nin o can», así que ayer entré en este fresco verano como manda la tradición local: cacharela, sardinas, xoubas de Rianxo, chorizos de Lalín, empanada de vieira, vino godello, aguardiente velha de Portugal y café de pota, todo un muestrario gastronómico casi autóctono con fondo musical de Luar na Lubre, un arranque de las esencias patrias al céltico modo. Ayer la ciudad se llenó de un centenar de luminarias atizadas a base de apuntes de clase, cartones y papelería varia. Era preciso purificar el espíritu, domesticar el fuego y conjurar el mal de ollo y otras esotéricas creencias, incluida la de levantar la paletilla. La noche de San Xoán es todo un mito espoleado por leyendas, supersticiones y costumbres que datan de la noche de los tiempos, cuando no había Fenosa, TV, disc-man ni Internet, que es donde habitan los brujos de ahora. Y hoy, claro, me levantaré después de lavarme con agua de hierbas de namorar y otras plantas aromáticas y medicinales. ¡Qué tiempos aquellos los de mi abuelo!