ENTRE LÍNEAS | O |
01 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.NO SÉ QUÉ tienen las estadísticas que casi nunca llegan a captar del todo la realidad. Y no me refiero a los sondeos electorales, que no responden más que a la vana ilusión de cuantificar las intenciones de las personas. Y luego pasa lo que pasa, claro. Pero yo me refiero a esas otras estadísticas, las que intentan describir una sociedad a través de simples datos. Y no es eso. Por ejemplo, hay un sesudo estudio de la fundación La Caixa que asegura que en Santiago sólo viven 800 divorciados; y entonces uno echa cuentas y llega a la conclusión de que los conoce a todos, al menos de vista. En cambio, saber que en la ciudad hay 5.000 viudos empadronados llama la atención justamente por lo contrario, porque parecen demasiados. Y tampoco se entiende muy bien ese dato según el cual un 5% de nuestros vecinos son extranjeros; francamente, me pregunto dónde se meten... Todo esto es lo de menos; los números están para lo que están, para dar pistas y anunciar tendencias. Pero que nadie pretenda descubrir en una cuadrícula cómo es de verdad una ciudad o un país. Como aquel que decía que, en Holanda, tres de cada cuatro habitantes son vacas. Lo dicen las cifras.