Reportaje | Los restaurantes de San Lázaro colgaron ayer el cartel de completo La tradicional puja se celebró a las 12 del mediodía, una hora antes de lo anunciado
29 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?l barrio de San Lázaro tenía ayer un olor especial, que animaba a los transeúntes a quedarse a degustar el menú del día en todos los restaurantes. Desde muy temprano, en las cocinas de establecimientos hosteleros y en las de particulares se iniciaron los preparativos para la fiesta gastronómica más antigua de Galicia, según Manuel Iglesias, presidente de la Orden da Uña, organizadora del evento. Año a año, la fiesta gastronómica le come terreno a la tradicional subasta, que desde hace varias ediciones ha pasado a ser un mero acto simbólico. Los festejos sufrieron este año un pequeño problema de coordinación entre los organizadores y los responsables de la tradicional subasta de las uñas. Mientras en los carteles de las fiestas la subasta estaba fijada para la una de la tarde, los promotores de la misma entendieron que siempre fue a las doce y, por tanto, a esa hora se inició la puja. Al final de la subasta algunas personas se quejaron por no haberse respetado la hora anunciada. Poco después de finalizar la subasta, uno de los miembros de la orden y el subastador tuvieron un intercambio acalorado de opiniones. Mientras el primero lo consideraba un mero error sin mala intención y rechazaba tajantemente las críticas -«non se equivoca o que non fai nada», decía- el segundo pensaba que hubiera bastado con preguntar en la iglesia para saber que siempre fue a las doce después de misa. Pese a la confusión en la hora de la subasta, ésta transcurrió con normalidad. Era la primera puja realizada por Antonio Mosquera, que sustituye al fallecido Ramón Taboada, que fue el subastador durante más de cuatro décadas. Iglesias no tuvo mucho trabajo y la subasta se limitó a dos medias cacheiras, unos cuantos codillos, tres morros y varias piezas de tocino. Y es que los donativos son cada vez menos. Hace años, la cantidad era tan alta que los restaurantes recurrían a la subasta para comprar el producto tradicional para las comidas del día. Manuel Mosquera recuerda un año en el que la subasta «recaudó 600.000 pesetas, cando un piso no Ensanche valía 300.000; agora casi non hai donativos». Con lo subastado ayer, no habrían comido ni la cuarta parte de los comensales de un único restaurante. Ya lo decía ayer el párroco de San Lázaro, que bromeaba con la idea de cambiar las uñas por hamburguesas o pizzas, para conseguir atraer más donativos y más gente.