El cronómetro | Andrés Neuman El autor, afincado en Granada desde hace trece años, rescata a sus antepasados para contar a través de ellos la historia reciente de Argentina sin victimismo y con ternura
22 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?ndrés Neuman (Buenos Aires, 1977) presentó en Follas Novas su novela Una vez Argentina , finalista del último premio Herralde. Horas antes habló largamente del proceso creativo de su obra, de su relación con los personajes: «Un narrador que los machaca no tiene compasión por su prójimo». Y de su conciencia de emigrante, de alguien que está en permanente búsqueda. Y dejó claro lo que parecía evidente: «No distingo entre la literatura y la vida». -La novela es la historia de su historia, como un exorcismo. ¿Por qué la escribe? -Más que un exorcismo es una invocación. Tengo algo de sujeto dividido, porque me trasladé a España con 14 años. Noté que la orilla de mi conciencia que quedó al otro lado se me estaba desdibujando y tenía ganas de rescatar la vida de mis ancestros y anclar los pocos recuerdos relevantes que tengo de la política argentina que tienen que ver con mi niñez. -No abruma con datos, pero se documentó a fondo. -Cuando empecé la novela investigaba sobre las dictaduras en Argentina y su presencia en la literatura, y por otro lado intentaba escribir cuentos sobre mi infancia. Y descubrí que los tres proyectos eran el mismo. -¿La distancia ayudó a dar una perspectiva con más encantamiento a la historia? -Es una cuestión de equilibrio entre la parte trágica y la de encantamiento. Evito el victimismo, y se me ocurrió combinar el dolor con el sentido del humor y la ternura hacia los personajes, abordar situaciones terribles como la represión policial de manera oblicua, vinculada a la música. No quería hacer un panfleto, ni siquiera un sermón laico. Argentina siempre mira a otra parte, y creo que hay que escribir sobre ella desde otra parte. -¿Los personajes son realmente sus ancestros? -Todos tienen un referente real, existieron. Cambié algún que otro nombre por decoro y respeto. Para mí tenía el valor de rescatar vidas reales, aunque sea un libro de ficción, porque necesitaba esa energía. El objetivo era contar una historia que emocionase e hiciese reflexionar. -Escribe novela, cuento, poesía... ¿Es una búsqueda? -Es un abuso. No, no soy un autor en busca de género. Es una convivencia de lenguajes. Disfruto pasando de un género a otro y percibo que se enriquecen entre sí. -¿Existe un momento para cada cosa? -Sí, de manera intuitiva. Una vez distinguidas las herramientas es magnífico y siento que mi estilo se vigoriza. Me gusta el mestizaje. -¿Cómo se lleva el éxito literario siendo tan joven? -Cuando se habla del peso del éxito me sonrroja, porque conozco a gente más puteada. En eso tengo una conciencia muy latinoamericana, donde es raro que te paguen por publicar un libro. Procuro no perder esa referencia. Ir de promoción es un juego. -Dos veces finalista del premio Herralde. ¿La tercera será la vencida? -No habrá tercera. Creo que al lector lo que le importa es el libro, no los podios.