Imposible escapar

MARIÁN MERCURI

SANTIAGO

EL TOCADOR | O |

01 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

REIVINDICO un granhermano personal en el que entrar voluntariamente cuando el volumen de información sature nuestras neuronas, sean muchas o pocas. Un granhermano no televisado en el que se pueda escapar del bombardeo mediático, el cotilleo de las porteras y los corrillos del bar. En el que se pueda descansar sin saber si Michael Jackson le mete mano a un niño, si Massiel se bebe el agua de los floreros, si los muertos en Irak fueron siete o diecisiete, o si ayer fue el día mundial del sida, el del orgullo gai o el día internacional de la infancia. El eco de la información, la comunicación, o simplemente el cotilleo es tal, que acabamos teledirigidos hacia una misma conversación, un monotema del que es imposible escapar, y del que huir supone convertirse en un paria social o un desterrado de cafeterías. ¿Cuántas horas dedicarían nuestras abuelas a hablar de los demás, de los que ni siquiera conocen? Quizás pocas. Quizás hablasen sobre sí mismas, sobre la familia y la tierra, la temporada agrícola o las fiestas de la parroquia de al lado. Cosillas, sin repercusión mediática pero más importantes, sin duda.