COMPOSTELANEANDO
30 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CREO QUE uno de los principales aciertos del Plan General fue propiciar una descentralización de la ciudad a lo largo del periférico, que ubicó en cada uno de sus barrios los equipamientos de una gran capital y, al mismo tiempo, rodeó el centro histórico de un cuidado anillo verde, lleno de espacios y arquitecturas de calidad. Dos itinerarios discurren por los entornos del Sar y el Sarela. El primero desde la Alameda y la Residencia, piezas históricas de excepcional valor ambiental, hasta descubrir la transformación del Carme de Abaixo, con el buen trabajo de López Cotelo en la Vaquería. Galeras, la finca Simeón y el parque de Música en Compostela forman una conurbación donde los edificios aparecen cómodamente situados entre las masas vegetales, como la paradójica construcción, sobria y barroca al mismo tiempo, del auditorio de Julio Cano y la facultad de Ciencias de la Información de Álvaro Siza que es, para mí, una obra sobresaliente de la última década. El esfuerzo de la subida hacia Vite, una de las más acertadas operaciones públicas de vivienda que años después se convirtió, con la cualificación de sus entornos, en una pieza indiscutible de la trama urbana, invita a pararse y ver cómo los autobuses se estacionan en la dársena de Xoán XXIII y ya no dañan esperpénticamente la riqueza monumental del mejor espacio público del barroco europeo. Desde la cota de la Almáciga se echa de menos, frente por frente, la malograda torre de Foster. La disnea desaparece al descender hacia la belleza inefable de Bonaval y cruzar el callejero histórico de la rúa do Medio, San Pedro y Belvís. El pequeño centro sociocultural de A Trisca con su terraza panorámica, otro edificio para el futuro, trae a la memoria la inteligencia, cultura y bondad de aquel maestro de la arquitectura que fue John Hejduk. El empeño por demostrar a otros colegas que Compostela se puede andar nos lleva al día siguiente al Palacio de Congresos, toda una lección de arquitectura de Noguerol y Díez. Soy de la opinión de que no se puede interponer en esa explanada, tan bien pensada y acabada, una pieza que desconozco, colosal según dicen, y que allí no aportaría nada. Tras la gran operación de Fontiñas, que abrió las fronteras del casco urbano y dio en su día un gran respiro al problema de la vivienda, la ruta da un inopinado salto hasta el monte Gaiás, donde prosiguen las obras de la Ciudad de la Cultura. Impresionante la galería de servicios, que da la dimensión de lo que está por venir. Con la belleza de la ciudad histórica emergente en la lejanía, los nuevos hitos ya construidos se sitúan en el eje de las torres de la catedral, y la estructura de la futura hemeroteca es ya una realidad prometedora. A estas alturas, lo importante es que esta gran actuación se formalice en un proyecto definitivo y en un programa moderno. Por las orillas del Sar, la rúa da Estrada es balcón de sus meandros, rodeados de extensos campos que animan a mantener su protección. El nombre de Eugenio Granell significa también diez hectáreas de parque público, junto a un centro comercial emplazado en la periferia que ha atraído nuevos clientes metropolitanos para la ciudad. De vuelta, la Compostela de siempre, de sillares y almas.