Excesos de velocidad

La Voz

SANTIAGO

MARCIA EMPARÁN

Patio de vecinos Julio, un peregrino italiano, confundió Santiago de Compostela con San Remo; y tres alemanes han recorrido unos 2.500 kilómetros en bicicleta en veintitrés días

26 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Colli y Luis viven en Cádiz y han venido caminando desde O Cebreiro. Llegaron allí en bus, y durante el trayecto subió al autocar un hombre, «bastante viejo y con la nariz garrapiñada», es decir, muy grande y colorada. Cuando empezaron su andanza, el hombre, en bici, los sobrepasó rápidamente, y esto les soprendió bastante «porque no tenía demasiada pinta de deportista», dice Colli. Ya por la noche, al llegar al albergue, se lo encontraron agarrado a una botella de vino. Se dieron cuenta de que la velocidad del hombre se debía a que «iba como una cuba, no entiendo cómo no se cayó por el camino». Confusión de ciudades Fue lo que le ocurrió a Julio, un italiano de pura raza, de esos que gritan continuamente «porca madonna». Vive en Bergamo y ha venido desde Saint Jean Pied de Port, un poco antes de Roncesvalles. Subía la última dura cuesta antes de llegar a Santiago y se confundió de camino. Luca y Valerio, paisanos suyos, se lo encontraron tirado de rodillas exclamando en italiano y con los brazos en alto: «¿Qué es lo que he hecho mal para no poder llegar a San Remo?», imagínense la escenita. Pues resulta que San Remo es la localidad turística de Italia, con lo cual sus compañeros y vecinos se sorprendieron enormemente de sus palabras. Pero aún así lo ayudaron a encontrar la ruta adecuada que lo llevase a la catedral. Ayer se reían de la forma en que se conocieron. Seguro que Julio no se volverá a confundir de ciudad, ya que «Santiago de Compostela es una de las ciudades más bellas que he visitado», afirma riendo con Luca y Valerio. Bert, Andrey y Jos entran en el Obradoiro con una gran pancarta en alemán. Vienen desde Holanda, de Eindhoven. Nada más y nada menos que 2.500 kilómetros. En bicicleta, eso sí, y lo han hecho en tan sólo 23 días. «Durante dos semanas hizo más de 40 grados», dice Bert, «pero al llegar aquí todo lo que sientes sale a relucir. Esto es maravilloso». Y se marchan en sus bicis y con su pancarta, tan felices.