En directo | Compostelanos y visitantes aguardaron pacientes una salida fugaz La multitud no tuvo tiempo, esta vez, de hacerse la foto con Sus Majestades
23 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?o hay nada peor que esperar para nada. O casi nada. Fueron muchos los turistas que se apostaron en la praza do Obradoiro desde las ocho de la tarde. Sabían que los Reyes estaban en el Hostal y que saldrían, andando, camino de la Fundación Caixa Galicia, en la rúa do Vilar. Un barrendero recogía colillas delante de la puerta. Los coches de escoltas y autoridades iban llegando y aparcaban, apresurados, delante de los soportales de Raxoi. «Ver al Rey, es la ilusión de mi vida», decía una madre de familia acompañada por su marido y dos niñas que hinchaban globos para pasar el rato. La policía fue modelando al público y consiguió hacer en la plaza dos filas más o menos ordenadas, con un generoso pasillo central por el que, se supone, debían pasar Sus Majestades a pie. En un grupo de personas, una mamá joven interroga a su pequeña hija, a la que lleva en brazos: «¿Cómo se llama el Rey?» «Juancho», dice la pequeña. «No, Juan Carlos», corrige la madre. La chavala sí tiene claro que la Reina de España se llama Sofía. Estrategias El tiempo pasaba y el número de curiosos crecía. La policía seguía trabajándose el pasillo. Un grupo de peregrinos se curró la foto: «Yo me pongo en este lado para que salga Manolo, y Manolo se pone en el otro para que salga yo», explicaba. Pero no hubo ni abrazos ni nada, sólo el saludo que el peregrino Zapatones consiguió arrancar, por segunda vez, a Su Majestad. Los Reyes se asomaron a la puerta del Hostal a las nueve y diez, escucharon unos rápidos aplausos y se metieron en un coche, para completar un trayecto de un minuto a la rúa do Vilar. «Qué pena no haberlos podido saludar», se lamentaba una mujer que había esperado casi dos horas. Para otros, valió la pena ver a los Reyes, aunque fuese con capota. Algunos corrieron detrás de la caravana y llegaron al a rúa do Vilar al mismo tiempo que la comitiva. Todo por la foto. Pero las medidas de seguridad eran mucho más severas. La policía impedía el paso desde Praterías. A lo lejos, bastante lejos, se divisaban el vestido fucsia de Doña Sofía, la altura de Mariano Rajoy y los flashes de los fotógrafos. Esta vez no hubo baño de multitudes, pero es que Don Juan Carlos y Doña Sofía ya han cumplido de sobra.