Por amor al arte

| XERARDO ESTÉVEZ |

SANTIAGO

COMPOSTELANEANDO

07 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL MUNDO del arte es tan complicado como cualquier otro espacio donde la profesionalidad y la competencia van de la mano. Hace tiempo que Santiago de Compostela es ya una referencia significativa en el ámbito de las galerías de arte. Permítanme aventurar una revisión de algunos de sus hitos, al margen de dimes y diretes, filias y fobias, diferentes tendencias, gustos y disgustos, ya que, por encima de todo eso, han jugado un papel notorio en la creación de este movimiento. En el umbral de los setenta, cuando el marasmo cultural sólo se agitaba de forma esporádica, Grido se instala en una esquina de la rúa Nova, inaugurando la actual vocación cultural de esta calle. Ventura Cores y Salvador García-Bodaño abrían las puertas de lo que no era sólo una sala de exposiciones, sino también un lugar comprometido para el encuentro y el debate en aquellos tiempos de efervescencia. Quizá por esa propia osadía tuvo una vida lamentablemente breve. Por la misma época, en la Algalia de Abaixo, junto a una de las puertas del recinto histórico, Euloxio Ruibal ampliaba con Torques nuestros horizontes al arte moderno y ponía a nuestro alcance, con amplias facilidades de pago, la obra gráfica de pintores importantes. Luego se trasladaría por un tiempo, con el nombre de Citania, al Ensanche, para regresar hace pocos años a sus orígenes. Hoy, cuando contamos con muchos espacios para el arte, conviene recordar que la frontera de la modernidad la traspasó en los noventa la galería Trinta, situada en el número 30 de la rúa Nova y que actualmente continúa, con Asunta Rodríguez al frente, en Virxe da Cerca. Con ella el nombre de Compostela llegó por primera vez a ARCO y a otros foros del arte contemporáneo internacional. Algún tiempo más tarde, en el Ensanche, Adolfo Sobrino abre SCQ, que desde Xeneral Pardiñas lleva unos años apostando con éxito por lo más sólido de la plástica peninsular. Para completar una especie de tríada de las vanguardias, Concha Fontenla acaba de inaugurar, en una casa rehabilitada en la rúa do Castro, C5 Colección, un espacio expositivo original y prometedor. Las tres alternan con inteligencia artistas gallegos e internacionales. Cada una tiene su perfil propio, son complementarias y competidoras pero, en todo caso, las une el denominador común de ser pioneras. No cabe duda de que ser galerista es una actividad que comporta un riesgo. Mantener una galería es como emprender el camino de vuelta desde Compostela hacia otras ciudades del mundo en permanente contacto con el panorama artístico internacional, algo necesario en un lugar al que se viene atraído por su prestigio cultural. Es una audacia bien medida, un buen ejemplo a seguir, en lugar de cruzarse de brazos esperando a que lleguen las cosas con poco esfuerzo personal. Creo que si a las galerías les va bien, es un buen indicador de la dinámica urbana, y por ello deben sentir próximo el apoyo institucional y del público, con el disfrute y adquisición del arte.