CON LUPA | O |
29 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LO QUE LES ha pasado a Armando Blanco y a José Astray es bien sencillo: les han crecido los enanos. Sembraron de ladrillo sus respectivos municipios y florecieron urbanizaciones. Todo parecía perfecto: el concello crecía, el mercado inmobiliario se movía... Y claro, con las colmenas construidas, llegaron las abejas. Y ese es el problema de los apicultores Blanco y Astray. Porque resulta que la mayor parte de las abejas que se han asentado en sus municipios son abejas obreras. Poco cambió el panorama municipal al principio. Había más vecinos y se vendían más lechugas en los supermercados y se lavaban más chaquetas en las tintorerías. Pero los vecinos comenzaron a censarse. Y tuvieron derecho a voto. Y las abejas obreras, salvo execpciones, prefieren votar a otras abejas obreras. El mismo Astray lo dijo en la radio, cuando afirmó que en el último censo había detectado un aumento de 4.000 votantes (nuevos residentes) que no parecían «proclives» a votar al Partido Popular. Sabe más el diablo por viejo... Armando se ha salvado por los pelos. Pero todo lo que se pueda censar de aquí al 2007 jugará en su contra. Es el precio del ladrillo, queridos alcaldes.