La gente que vale

SANTIAGO

CRÓNICAS URBANAS | O |

31 mar 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

VAYA POR delante mi respeto para los que tienen el valor de prestar su nombre, su reputación y su trabajo a unas siglas, sobre todo para aquellos que no saben cómo se las gasta la vida política cuando las cosas se tuercen. Aún así, y repasando las listas que competirán por entrar en la corporación municipal compostelana, uno tiene la impresión de que la gente brillante, la que vale de verdad, no está muy dispuesta a prestar su trabajo y su tiempo a la cosa pública, casi siempre por motivos profesionales o económicos. Los gobiernos locales, en teoría los más cercanos al pueblo, siguen siendo presa de unos partidos muy alejados de la sociedad. En demasiadas ocasiones los candidatos se sienten obligados a incluir en puestos de salida a miembros del aparato que a veces, sólo a veces, no son más que forofos de una ideología (qué peligro) con una escasísima y cuestionable capacidad crítica y a los que no se le exigen excesivos méritos personales y profesionales. Basta con ser fiel a la causa. Y con estos mimbres, no es nada difícil que un tipo que lo más importante que ha gestionado en su vida sea el carrito de la compra acabe decidiendo el destino de millones de euros de los contribuyentes. Es dramático, no me digan.