La organización traía desde Sudamérica a jóvenes que se prostituían en dos pisos del Ensanche El cabecilla de la banda internacional es un compostelano de 33 años
26 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?l Cuerpo Nacional de Policía acaba de asestar un duro golpe contra una red de inmigración ilegal, prostitución y tráfico de drogas que actuaba en Santiago de Compostela y en León. La operación policial, realizada por los grupos de Extranjería y Policía Judicial de las comisarías de las dos ciudades, permitió detener a los tres responsables del negocio. El cabecilla, compostelano, es J.L.S.F., de 33 años de edad. Con él fueron arrestados la venezolana Y.M.C.D., de 39 años, y el brasileño D.J.M.J., de 26.La red desmantelada introducía en España a mujeres sudamericanas, la mayoría de Brasil, para su explotación en el ejercicio de la prostitución en pisos de alquiler y se dedicaba también al tráfico de drogas. Los juzgados de instrucción de Santiago y León ordenaron el cierre de los pisos con los que contaba la organización, el 5ºD de la avenida de Vilagarcía número 10 y el 4ºE de la rúa Nova de Abaixo número 16, además de una vivienda en la calle Padre Isla de la capital leonesa.Según relata el informe policial, las mujeres eran captadas en sus países de origen por miembros de la red, que les prometían engañosamente una oferta de trabajo como asistentas en España. Para hacer la oferta todavía más tentadora, les decían que tendrían una buena remuneración y que todos los gastos del viaje correrían por cuenta de la organización. También les entregaban una bolsa de viaje, consistente en una suma de dinero con la que podrían pasar el control de Policía en la frontera española aunque, nada más llegar a España, se lo retiraban.Otra documentación que se encargaba de gestionar la red que dirigía el compostelano ahora detenido incluía cartas de invitación o reservas de hoteles, en los que las mujeres nunca llegaban a pernoctar.El traslado a España se hacía directamente a través del aeropuerto de Madrid-Barajas, aunque alguna vez habían escogido la opción de París. En este caso, desde la capital francesa las embarcaban en un vuelo interior hacia España. En el aeropuerto las esperaban sus nuevos «jefes».