Pintura a través de sus componentes

Mercedes Rozas SANTIAGO

SANTIAGO

BELÉN CAMIÑO

Quien conozca la pintura realizada por Tomé en los ochenta comprobará fácilmente su evolución con esta exposición en la galería Espacio 48. Hace más de veinte años el perfil enunciativo de su estilo era el expresionismo figurativo, narrado con una composición de imágenes degradadas y desdibujados perfiles flotando sobre un fondo de pinceladas sueltas que reducían la línea de la figuración. La entonación de la materia se dejaba notar fortaleciéndose ante aquellos espectrales semblantes. Como algunos compañeros de generación, volvía la mirada al arte moderno de las vanguardias protagonizadas por Nolde, Otto Dix o Kokoschka. La variación formal de su creación se ha producido en silencio, en casi pleno aislamiento. De aquel valor expresivo, en el que no renunciaba a la figuración, sólo queda el carácter dinámico de los fondos. Ellos han pasado a primera línea, modelando el gesto de la materia y provocando el carácter fuertemente pastoso de sus cuadros. Ahora las directrices estéticas vienen marcadas por la utilización de elementos que dan relieve a la superficie: telas, maderas, arenas... Se dinamiza la actuación de la pintura enfocándola a través de sus propios componentes. Composiciones abstractas en las que ha desaparecido la preocupación por la ilusión de la perspectiva y en las que ha ganado la extensión del espacio pictórico. Este sesgo que fija la obra actual es también expresionista, pero establece nuevas direcciones que se aproximan a las maderas de Tàpies y las telas de Millares. En esta reciente producción de Tomé, la indeterminación temática, la falta de una realidad perceptible y el vehemente contraste de materiales activan el trazo expresivo de su pintura.