En la muerte de Puri Crego Regueiro hay muchas sombras. Encontraron sus restos bajo el puente de A Rocha el 22 de septiembre porque alguien, dicen que un vecino de la zona, llamó a la policía al advertir desde lo alto del puente un bulto que le pareció una persona. Aquel domingo del hallazgo se dispararon las hipótesis. En algunos medios se aseguraba con toda seguridad que el cadáver correspondía a alguien de pequeña estatura. Las prisas contribuyeron a la confusión, y se llegó a publicar que el cuerpo era de un niño. Esta teoría se basaba en unos zapatos que alguien dijo ver. Pero no era un cadáver infantil, sino una mujer, tal y como se comprobaría más tarde. Dadas las características del caso y, para no entorpecer la investigación, la titular del Juzgado número 3 de Santiago, Leonor Castro, decidió decretar el secreto del sumario. La autopsia fue practicada por el forense José Blanco Pampín en el tanatorio de Ordes, lugar donde se realizan este tipo de intervenciones cuando los cadáveres se encuentran en descomposición. Su informe médico y la investigación policial abierta son las únicas herramientas que servirán para saber qué le ocurrió en realidad a Puri.