A A José Bermúdez no le fue fácil dar el paso de encadenarse en la vía pública, pero no se lo pensó mucho «porque se o penso, non o fago». Fue una decisión personal, aunque arropada por gran parte los vendedores. Varios de ellos le acompañarían, sin cadenas, en la protesta. También la policía nacional, aunque por otros motivos. Dos agentes se limitaron a pedirle la documentación. Bermúdez tenía en mente estar 48 horas encadenado, ataviado con su bata blanca de faena: «Despois ireime para a casa, se estes homes _por la policía_ non me mandan antes». Muchos conductores redujeron al mínimo la velocidad, o detuvieron el vehículo, para contemplar la extraña imagen y leer el mensaje de la pancarta situada a los pies del vendedor. Los viandantes lo tenían más fácil. «Podes tomar asento», le indica al redactor indicándole una de las escaleras del cruceiro. El móvil sonaba sin tregua, pero ninguna de las llamadas provenía de Raxoi. «Creo que cando Leiceaga e Bugallo saiban isto, porque estou seguro que aínda non o saben, intentarán buscar unha solución. Como sempre fixeron». En el bolsillo tiene las alternativas de carga y descarga y aparcamiento que Nieves obvió. Hacia las 16 horas (la protesta había comenzado al mediodía) suena la voz de Carlos Nieves. Le pide a Bermúdez que abandone su actitud, y éste lo hace tras lograr (con el presidente de Acotes, Emilo Fraga, actuando de intermediario) el compromiso de paralización temporal de las obras y retorno a la situación anterior en materia de aparcamientos. Entretanto, ambos mantendrán una reunión hoy por la mañana para consensuar el tráfico.