Un cabreo cada veinte minutos

Diego Espiña SANTIAGO

SANTIAGO

ESPERANZA GONZÁLEZ

El concejal de Transportes, en un alarde de sinceridad, ha admitido esta semana que las líneas de autobús no cumplen sus frecuencias. Y sin embargo, no es noticia porque todos los usuarios de este medio de transporte en Santiago lo saben. La línea 6

14 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

, la más utilizada y la más rentable económicamente es un ejemplo. Son las 14.40 horas del mediodía y en la parada de la plaza de Galicia cae un sol de justicia. Unas treinta personas esperan la llegada del autobús número 6. Lleva ya veinte minutos de retraso sobre su frecuencia. El último pasó a las dos en punto y como siempre iba lleno hasta la bandera. María lo perdió por poco. «Giré la esquina corriendo pero no me dio tiempo de cogerlo, ahora tendré que esperar al siguiente, a ver cuándo llega», comenta resignada. Ella es una de los muchos usuarios de esta línea y que, día tras día se desesperan mientras aguardan la llegada del autobús que les llevará a su casa. Su caso es peor. María vive en Parque Montouto y, como otros, cuando llegue a su parada de Os Tilos todavía le quedará una buena caminata hasta su casa. Un perfil variopinto La línea 6 hace el recorrido San Lázaro-Castiñeiriño-Os Tilos. Cuenta con cinco autobuses con una frecuencia mínima de veinte minutos. Frecuencia que rara vez cumple. Con cinco autobuses Trapsa da servicio a un a media de 1.133.669 usuarios al año sólo para esta línea. El perfil de éstos es el más variado que se pueda imaginar. Desde estudiantes de todas las edades, hasta jubilados que bajan a Santiago por la mañana, pasando por los turistas y personas que suben a Hipercor. A lo largo del recorrido un autobús pasa por 70 paradas, 35 de ida y 35 de vuelta, paradas donde los usuarios se desesperan. La compañía se defiende de las críticas señalando la existencia de otras líneas que refuerzan el recorrido de la 6 como pueden ser la 12 o la que llega a Santa Lucía. Sin embargo, ni así son suficientes, ya que como reclaman muchos, «no se dan cuenta de la cantidad de gente que vive en Os Tilos o en urbanizaciones como Montouto y San Sadurniño». La más usada «Aínda non recordo que este bus chegara a sua hora», comenta una mujer a otra. La gente no entiende por qué si es la línea con mayor número de usuarios, tiene tantos problemas de funcionamiento. El tiempo pasa y el cansancio de la gente va en aumento. Milagrosamente el poste informativo colocado por Trapsa para que los viajeros sepan cuanto queda para que pase su autobús funciona. Una chica se acerca y lo mira, pero no tiene piedad. «Pon en tu periódico que por lo menos podían limpiarlos, que aquí no hay quien lea nada», se queja cuando el periodista le pregunta por el servicio. «No tienes más que verlo, pasan todos menos el de Os Tilos y, cuando lo hace, hay veces que no abre ni las puertas», señala esta chica de nombre María. «Yo antes lo cogía en Puente Castro o en el Ambulatorio pero me cansé de quedarme en tierra o de pelearme para conseguir un sitio». Después de 45 minutos de espera el 6 hace su aparición. Lleno hasta la bandera. La gente hace cola para entrar, una cola que avanza a duras penas. Todos dentro ytodos apretados. El 6 en hora punta es un laboratorio de olores, un sálvese quien pueda para mantener la verticalidad. Mucha gente entra por la puerta de atrás ante la imposibilidad de hacerlo por delante. Los niños continúan los juegos que traen desde la salida del colegio y se apiñan en donde pueden. En cada parada una persona situada en la punta del autobús logra alcanzar la salida. Pero lo mejor está por llegar. Parada de Pontepedriña. Las caras de las persona son un poema al ver que el bus no abre las puertas. Y encima aguantar las burlas de los pequeños tras la ventana.