Las llegadas masivas a la capital provocaron largas esperas en los aparcamientos, las plazas y los bares Dos horas de espera para ver a los duques de Palma de Mallorca. Dos horas de aguante para ver los fuegos y el espectáculo de luz y sonido en primera línea. Más de una hora aguardando una mesa para meterse unas xoubas entre pecho y espalda en cualquier bar del Franco.
25 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Aguante puro y duro. Más tiempo para cruzar el Obradoiro, y mucha paciencia para salir de A Quintana después de haber finalizado la manifestación del BNG. La masificación humana tuvo sus cosas buenas, por ejemplo para los hosteleros. Pero también genera problemas, como la actividad de los carteristas y alguna bronca derivada de los inevitables empujones. Sobre las doce del mediodía se formaron larguísimas colas ante las entradas de los aparcamientos públicos. Por ejemplo, para dejar el coche en Xoán XXIII hubo quien contabilizó 35 minutos entre arranca y para, hasta que consiguió llegar al último nivel del estacionamiento. También hubo quejas de conductores de fuera, que no estaban advertidos del recorrido de la manifestación del BNG. Es el caso de una familia madrileña, a la que nadie puso impedimentos para subir en coche el Hórreo y que se encontró de bruces con la cabeza de la manifestación. La policía local tuvo que improvisar y volver a desviar a través de Doutor Teixeiro a los coches que se habían «colado». Eso provocó quejas, ya que algunos se desorientaron por completo cuando se vieron obligados a cambiar de recorrido. La policía, que reforzó sus efectivos con agentes llegados desde A Coruña y desde otras localidades, camufló agentes de paisano entre la multitud para evitar la actividad de los carteristas. Pero en algunos casos los dedos de los cacos fueron más ágiles que la vista de los policías. Pocos incidentes En cualquier caso, las incidencias fueron escasas. Quitando la quema de un cajero automático y alguna bronca con los fotógrafos que hacían su trabajo mientras varios encapuchados pintaban mensajes variados en las paredes, no hubo que lamentar mayores problemas. La piscina de Sar, abierta durante la jornada, se convirtió en el refresco de docenas de personas que no quisieron acabar el 25 de julio sin pegarse un buen chapuzón.