Texto: MARIO BERAMENDI Foto: PACO RODRÍGUEZ FEMENINO Y SINGULAR María del Carmen Landeira, taxista
06 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La sociedad, poco a poco, se va despojando de las resesas divisiones entre faldas y pantalones o bigotes y melenas. En silencio, cientos de mujeres se han dedicado a transgredir el orden establecido, a afeitar la poblada barba de prejuicios dominantes que han reservado al hombre determinadas profesiones. Una de esas trabajadoras es María del Carmen Landeira, que volvió de la emigración en Suiza para darle una vuelta a las cosas a través de las ruedas de su taxi. Y ahí está ella, en la parada de Bertamiráns. Algunos la miraron como la mujer que irrumpe en un partido para ponerse las botas de fútbol. Pero sólo cogió un volante. Son las tres de la tarde y en la parada de Bertamiráns no hay ningún taxi. María del Carmen aparece con su vehículo gris, aparca y abre la puerta. -¿Cómo se le ocurrió iniciarse en este oficio? -Había estado muchos años en la inmigración, en la ciudad suiza de Zurich. Allí vi taxistas, conductoras de autobús, de tranvías, de lo que fuera. Era una cosa muy habitual. Estábamos acostumbrados. -Y usted decidió importar la normalidad helvética... -No exactamente. La decisión de dedicarme a este trabajo la tomé por una cuestión familiar. Teníamos una plaza y había que decirse: o seguíamos con ella o la dejábamos. -¿Cómo fueron sus inicios en el oficio? -Bastante difíciles. -¿Por qué? -Notaba actitudes poco comprensivas. Me daba cuenta, pero no decía nada. Me he sentido discriminada porque todavía existe machismo, sobre todo en esta profesión. -¿Se lleva bien con sus compañeros? -En general sí. Con unos mejor que con otros. Pero eso le pasa a todo el mundo. -¿Entonces? -Las cosas han cambiado. Pero cuando hablo de sentirme marginada también me refiero a la clientela. -¿Le han dicho algo? -Muchas cosas. Hasta me preguntaron una vez que cómo me atrevía a hacer un adelantamiento a un hombre. -¿Y usted que contestó? -Ya no me acuerdo. Pero he oído cosas peores: que si les quitamos el trabajo a los hombres, que si nuestro sitio es el hogar, etcétera. -¿Cómo es la actitud de los conductores con usted? -También se nota machismo. Percibo que me pitan más en la carretera. -¿Respeta las señales? -Siempre. Suelo ser muy prudente al volante. Nunca me salto los semáforos. -Pero se conoce las trampillas... -Como todo el mundo. A veces hay que salir airosa de algunas situaciones (Risas). Por ejemplo, ¿quién no pasa con el luminoso en ámbar? -Creo que pocos... -Pues entonces. -¿Cuántas veces la han multado? -Ninguna. La grúa se llevó el coche dos veces. Y una por culpa de mis compañeros. -¿Los taxistas? -Sí, en Santiago. Aparqué mi vehículo en la parada del hospital Xeral. Tenía que darle la cena a mi madre, que estaba allí ingresada. Y ellos llamaron a la Policía Local diciendo que había un taxista pirata. Bien es cierto que yo no los había avisado antes de subir. -¿Habla con los clientes? -Claro, es una forma de entretenerse, de conocer las inquietudes de la gente. Lo que ocurre es que algunos no son muy parlanchines. -¿Cuántas horas trabaja al día? -Depende. Pero una media de 12 o 13. -Como su segunda casa... -Yo diría que es la primera. Al menos por tiempo. -Por último: ¿cuál es la medicina para erradicar el machismo? -La formación y el desarrollo, sin ninguna duda.