JUAN CAPEÁNS CRÓNICAS URBANAS
03 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Se ha vuelto a abrir la veda del localismo. La cercanía de los comicios municipales ha provocado que los alcaldes gallegos se hayan puesto las gafas de cerca haciendo gala de una miopía preocupante que saca lo peor de esta tierra en una versión cutre de Villarriba y Villabajo. Después se nos cae la cara de vergüenza cuando un paisano mata a otro de un cartuchazo porque le invadió unos metros cuadrados de su finca, pero esa escena tan repetida está presente en la actualidad gallega, sólo que los protagonistas tienen estudios, van en coche oficial, cosa fina, y en vez de la azada utilizan a los medios de comunicación como arma arrojadiza. Sánchez Bugallo asomó la cabeza para reclamar un aeropuerto de Lavacolla más potente que pueda dar servicio a todos los gallegos y le dieron hasta en el carné de identidad, igual que le ha pasado al alcalde de Vigo con lo del tren rápido. Y es lógico. Salir al ruedo gallego a reclamar infraestructuras, se tenga razón o no, es un suicidio mediático de consecuencias imprevisibles, porque en esta Europa mercantil por cojones sólo triunfan los toreros y los del Bayern de Múnich. Para obtener cuartos de la Xunta, Madrid o Bruselas, que son los que permiten desarrollar de verdad una ciudad, hay que saber cabalgar con inteligencia y constancia, y dejar que los demás ladren como caniches defendiendo su parcelita. juan.capeans@lavoz.com