SAN PEDRO DE MEZONZO

La Voz

SANTIAGO

SOFÍA DE BENITO MI CALLE

13 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Cada vez que salgo de casa recuerdo con añoranza la expresión calidad de vida y me planteo seriamente la maquiavélica frase de El fin justifica los medios. Y es que vivir en San Pedro de Mezonzo esta temporada es un suplicio similar a pernoctar en la plaza del Obradoiro durante la cumbre de ministros de la Unión Europea. Santiago sigue siendo una ciudad de dimensiones reducidas y sin embargo parece que se encuentra eternamente en constante construcción o destrucción. Primero fue Alfredo Brañas, la Rosa, el Hórreo -Romero Donallo merece un artículo aparte y sus vecinos un monumento delante de la Catedral-, y así podríamos seguir enumerando todo el callejero del Ensanche. Los baches, socavones, ataques de nervios por el ruido estridente de las máquinas excavadoras, rodeos, zig-zags, y demás alteraciones que influyen en la psique humana se quedan sin recompensa. Porque, reconozcámoslo, a todos nos gustan los arbolitos, el Brañas Boulevard, o las papeleras de diseño. Pero los gritos, tropiezos, cambios de humor y visitas al especialista minan la salud de cualquier ciudadano, por más que después uno pueda jugar al truco en las aceras o pasear bajo árboles frutales importados de la mismísima China. redac.santiago@lavoz.com