CONCHA PINO LA ENTREVISTA Hernán Rivera Letelier, premio San Clemente por su novela «Fatamorgana de amor con banda de música» Al chileno Hernán Rivera Letelier lo llenó de orgullo recibir «al otro lado del mundo» un premio como el Arcebispo Juan de San Clemente, que recogió el pasado 11 de diciembre junto con Paul Auster y Xelis de Toro en el instituto Rosalía de Castro. Era minero hasta que su primera novela, hace seis años, lo situó en el Olimpo literario, algo que no le perdona «un grupúsculo de escritores de alta alcurnia, incómodos con un obrero que escribe libros, pero sobre todo porque vende más que ellos». Rivera Letelier asegura que en su país es «un `rara avis'' entre los escritores, porque no soy un intelectual, ni tampoco poso de intelectual».
02 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«He descubierto -comentó Letelier a los pocos días de recoger su premio en Santiago- que hay escritores que la gente admira, y otros a los que admira y quiere. Y es muy hermoso formar parte de los segundos». -Fue minero hasta el 95. ¿Cómo empezó a publicar? -Me crié en el desierto de Atacama. Mis padres eran mineros y yo lo fui treinta años, de los 15 a los 45. Pero cuando tenía 45 años, hace seis, publiqué mi primera novela, aunque venía escribiendo poesía desde hacía quince años, a escondidas, porque en la mina era cosa de maricones. -¿Ese libro fue «La Reina Isabel cantaba rancheras»? -Sí, con él gané el premio más importante de Chile, el del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. A partir de ahí me cambió la vida. Dejé la mina y me dedico nada más a escribir, que es el sueño de cualquier artista, un privilegio. -Y al cabo de un año, publica una nueva novela. -Sí, fue Himno del ángel parado en una pata, con la que volví a ganar el mismo premio en 1996. Después fue Fatamorgana de amor con banda de música y, la cuarta, Los trenes se van al purgatorio, que salió en el 2000 con mucho éxito. Lleva ya seis ediciones, se publicó en Argentina, Italia y a primeros de año en España. -¿Escribiría igual de no haber trabajado en la mina? -Dudo que llegara a ser escritor si no hubiera sido minero. Ser parte de ese mundo y esa gente, de conocer su visión de la vida, es lo que me dio una manera distinta de contar las cosas. Mi lenguaje es una especie de simbiosis del popular, del que habla desde el minero a la prostituta con el lenguaje culto, erudito. Y sólo llegué a sexto de preparatoria. -¿Cómo se formó? -Leyendo, leyendo y leyendo. Y escribiendo, borrando y escribiendo. Encontré una forma nueva de contar la misma historia que se había contado durante siglos. Las historias estaban ahí, yo las viví todas. Sólo faltaba cómo contarlas. -Y valorando lo propio ha demostrado que es universal. -Es el secreto que no han sabido encontrar muchos artistas. Buscan la originalidad y ser únicos en su arte, lo malo es que buscan fuera. No se dan cuenta que uno, como ser humano, es diferente a todos los demás mortales. Y la autenticidad está dentro de cada uno. Es lo que capta el lector. -¿Qué atrae a lectores tan distantes, lo exótico, quizá? -Más que lo que pueda tener de exotismo mi literatura, creo que lo que de verdad les atrae es el lenguaje, la forma en que cuento lo que cuento, a parte de que la historia les resulte encandilante.