El Caso Pastor se inició a partir del descubrimiento de una serie de irregularidades contables existentes en la sucursal urbana número 1 del Banco Pastor, situada en el número 32 de la calle República del Salvador. El director, José Rodríguez Casal, había establecido un sistema por el cual, sin conocimiento de sus superiores, retribuía con tipos de interés mucho más altos de lo normal los fondos que depositaban los clientes. Además, concedía créditos sin tener del todo en cuenta las condiciones establecidas oficialmente y «distraía» fondos de su destino y en beneficio propio. Todo, a la espera de juicio, presuntamente. El sistema funcionó hasta que se le fue de las manos a Casal, que tuvo que manipular documentos bancarios, falsificar firmas o simular movimientos contables que nunca se produjeron manipulando cuentas corrientes, depósitos a plazo, pagarés, letras del tesoro o cuentas en divisas. Evasión de divisas La segunda parte del caso tiene que ver con la evasión de divisas con base en alguna cuenta en moneda extranjera, especialmente dólares americanos, cuyos titulares desconocían la desaparición de sus fondos. El auto de 1999 recoge que la cantidad reclamada por los clientes superó los dos mil millones de pesetas (12,02 millones de euros), y que fueron más de un centenar las personas afectadas. Y es que la sucursal que dirigía Pepe no era sólo la número 1 por orden de numeración, sino también porque estaba considerada como la de mayor élite en toda España, aunque realmente se descubriese después que era un quiosco. Hay quien está seguro de que el ex-director, que ahora tiene 72 años, no sacó con todo aquello más provecho personal que el prestigio de seguir siendo la primera oficina de su entidad bancaria. La acusación particular pedirá para los acusados, como mucho, cuatro años de prisión. Pero habrá que esperar a que haga públicas sus calificaciones.