Billete de vuelta

La Voz

SANTIAGO

MARIO BERAMENDI REPORTAJE

10 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

IEMPRE habrá billete de vuelta. No tiene precio. Y es un viaje largo, por los suntuosos caminos del pasado. En su despacho, tranquilo, veo a Evaristo Castromil, con sus gafas redondas. Es 1918. Y las paisanas, en la calle, caminan cargadas. En la acera se encuentra un autocar que va a Pontevedra. Tarda 120 minutos en recorrer el trayecto, a una velocidad media de 30 kilómetros a la hora. Cuesta 10 pesetas subirse en berlina, es decir, la parte delantera; 7,60 en la trasera y 5,60 en coupé. Con este billete, se va en los asientos del techo, al aire libre, y lleva implícito el derecho a empujar el vehículo cuando sea necesario. En un viaje al pasado se observa que buena parte de la historia de Santiago se ha construido sobre ruedas. Las ruedas de los autobuses Castromil. En el siglo XX, este apellido bautizó un emblemático edificio modernista, que se ubicaba en lo que hoy se conoce como praza de Galicia. Tras una larga polémica con el Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia, el edificio fue derribado en 1975. Hasta entonces, allí se daba citan cientos de ciudadanos para comprar sus billetes y iniciar su viaje. Era la sede central de la empresa. Tal era el arraigo social de Castromil que Ramón Otero Pedrayo llegó a escribir que tomar uno de estos autobuses era «subirse o grande teatro do mundo, cunha enorme variedade de tipos de xentes, universitarios, feirantes, burócratas, carteristas, labradores, frailes e monxas, que comparten con nós a viaxe». En un viaje por la historia de esta compañía se descubren valiosas anécdotas, como baúles polvorientos olvidados en un trastero. Por ejemplo, la publicidad en los años 20, cuando Castromil obtuvo las principales concesiones. Entonces, en los carteles, se recordaba que el trayecto Vigo-A Coruña duraba siete horas. El presente dice que Castromil ha cambiado de manos y que el apellido seguirá inscrito en los nuevos autobuses. Pero nunca se borrará en otro lugar. La memoria.