Un muerto muy querido

SANTIAGO

Más de dos mil estudiantes asistieron ayer al «entierro» de la universidad pública en Bonaval Cosa seria. Más de dos mil estudiantes lloraron en Bonaval por la universidad pública. Plañideras, coronas, esquelas cirios y lamentos. Un entierro en toda regla en un marco incomparable que dejó la estampa más bella de cuantas han generado las movilizaciones compostelanas. Mucho sentido irónico y pacífico. Reproches, los justos. Se despedía a una institución muy querida. Era una buena persona, que se dice en estos casos. Los jóvenes abrieron una puerta a la esperanza. Cristo resucitó a los tres días.

13 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

PASABAN unos minutos de las siete de la tarde y, como si estuviese preparado de antemano, comenzó a tocar a muerto un lejano campanario de la ciudad vieja. El parque estaba oscuro. La Santa Compaña existe. Un reguero de velas se dirige hasta el cementerio de Bonaval. Un niño que paseaba con su madre se agarra fuerte a las faldas. Daban miedo. Luto y silencio riguroso. Suena un móvil, una parida, otra, unas risas y siguen los llantos: «¡Buaaa, buaaa!». El grupo de cabeza marca la pauta, y más de uno se empeña en enterrar al popular cuñaaaaooooo televisivo en vez de la universidad pública. -«Polvo somos y en polvo nos convertiremos», dice un chico metido en su papel. -«Y ojalá que polvos echemos», responde otro pasando del deceso. Una escena emotiva La comitiva se acerca al lugar de las exequias y conforma el cuadro más bonito de todas las movilizaciones celebradas hasta ahora. En la oscuridad, cientos de lucecitas iluminan las caras de los jóvenes. Las antorchas de las cámaras de televisión marcan la acción. Allí estaban las viudas alegres y las coronas de flores con menciones a Pepe, Manolito y Pili -Aznar, Fraga y Pilar del Castillo-. Esta última fue protagonista a lo largo de la parodia: «Pilar ten piedad... ministra ten piedad...». Mientras depositaban flores y cirios, apareció el cura y soltó el clásico «queridos irmáns, estamos eiqui reunidos...». Ya se imaginan el resto. Sólo fue interrumpido por llantos amargos -alguno estaba enrojecido de pena- y algún que otro «¡cuñaaaooo!» que se mezclaba con los sollozos. El sermón del padre, en positivo: «Despois desta vida chegará outra, celestial, na que non teremos problemas cos cartos e os exames. Estaremos en paro, ¿non é bonito participar en algo en conxunto?». Para terminar, una puerta a la esperanza: «Cristo resucitou, e o mesmo pode facer a universidade si permanecemos unidos». A los aplausos les sigue el minuto de silencio, muy respetado. Se rompió con el grito más coreado en los últimos días: «Non a LOU, non a LOU», al que enseguida se apuntaron los más de dos mil estudiantes y profesores. Las plañideras hacen entrevistas para la televisión en su particular minuto de gloria, y se repiten los cánticos. Pero todo con mucha calma. En el ambiente había ganas de demostrar el auténtico carácter de las movilizaciones y que el lunes a alguno se le fue la pelota, nunca mejor dicho.