Tumbas como los chorros del oro

La Voz

SANTIAGO

AGUSTÍN GONZÁLEZ

Numerosas familias adecentaron las sepulturas de sus familiares durante toda la jornada Hay quien no pisa el cementerio más que una vez al año pero que, cuando va, se deja notar. La de ayer no sólo fue una jornada para el paseo y la misa de la tarde. Muchas familias aprovecharon para adecentar las tumbas de sus familiares y no se escatimó en esfuerzos ni en materiales: limpiacristales, detergentes, gamuzas e incluso lejía salieron a relucir en una ceremonia curiosa que se hace todos los años, tal como ayer, con el traje de los domingos en vez de la ropa de trabajo. Los enterradores no dejaron de recibir encargos; las filtraciones de humedad son lo que más preocupa a los vivos; los muertos, que se sepa, no abren la boca.

01 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

N. M. / M. C. SANTIAGO Si el Día de la Madre es una mina para El Corte Inglés, las jornadas de Todos los Santos y Fieles Difuntos lo son para el gremio de los floristas. Pero además del dinero que los compostelanos se dejaron en flores, acompañamiento vegetal que llaman «verde» y papel de celofán, el gasto de estos días también se va en artículos de limpieza y en remiendos de albañilería para las sepulturas. Uno de los enterradores de Boisaca, José Martínez Otero, no daba abasto. Durante la semana pasada recibió numerosos recados de personas que le pedían colocar tal o cual piedra, repasar tal o cual junta, impermeabilizar tal o cual nicho. Y no eran ayer pocas las conversaciones que se podían oír en el cementerio en las que el tema central era la necesidad de cemento en una determinada tumba. En cuanto a productos de limpieza, salió a relucir de todo: limpiacristales al amoníaco; detergente; cepillos de púas gruesas o de alambre para arrancar el verdín; lejía que le da al nicho un olor muy de cuarto de baño; e incluso limpiador de vitrocerámicas, que va muy bien para dejar lustrosas las lápidas, ya sean horizontales o verticales. El principal problema en los cementerios fue encontrar escaleras suficientes para todos los que las necesitaban y, en algunos casos, llegaba a darse el turno, igual que en la pescadería. Uno de los cuidadores de Boisaca explicaba que esta fiebre por el mantenimiento mortuorio sólo se da por estas épocas, y que son muy pocos los que visitan a los que ya no están una vez a la semana por lo menos. Otra curiosidad: se dieron casos en los que las mismas flores cambiaron de finado según fue avanzando la tarde. Y es que espabilados no faltan ni siquiera en estos días.