XOSÉ VALIÑA MI CALLE
18 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Quien desee ponerse el chándal y sudar la gota gorda sobre el asfalto de la ciudad, tiene un bonito ejemplo rompepiernas en la avenida de Castelao. Sobre todo si ha hecho un par de kilómetros antes. En la última curva, antes de confluir en la praza da Paz, uno mira el fin de la cuesta con ojos extraviados. Claro que, como un pastel al que por fin accede el hambriento, tiene la oportunidad de tumbarse en la apetecible hierba de la vaguada si los rayos solares son propicios. Es el descanso del guerrero y la sufrida estampa que muchos participantes en las carreras pedestres que discurren por la avenida sólo pueden escrutar sin detenerse. Por el contrario, es un vial propicio para los conductores que estén a punto de agotar el combustible, ya que podrán viajar de San Caetano hasta las barbas de Vista Alegre sin necesidad de encender el motor. La avenida de Castelao es testigo, amorfo por aquel entonces, del difícil parto del polígono de Vite, que tardó un sinfín de años en consumarse. De hecho decenas de viviendas aún están dándole contenido a sus bajos, hasta ahora ornamentales. Cuando nació Vite la avenida no existía ni Castelao soñaba que de allí brotase su nombre. Hoy es un vial clave en la ciudad. redac.santiago@lavoz.com