MARIO BERAMENDI CRÓNICA
23 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Franco ostenta un lugar de privilegio en la antología del timo a los peregrinos. Buena parte de las historias que se cuentan forman parte de la mitología. Otros episodios fueron ciertos, aunque también podrían situarse en el terreno épico o legendario, como las gestas del Mío Cid, que mataba a doscientos moros con una lanza. Otra arma, en este caso la cuenta, sí propinó un sablazo hace una década a un grupo de turistas que se sentó una soleada tarde en una terraza de O Franco. Por una ración de percebes abonaron la friolera de 28.000 pesetas. El afilado contorno de aquel trozo de papel, con la cifra impresa, casi degüella a los peregrinos y, de rechazo, a aquel hostelero. El impacto social de aquella disparatada peripecia agudizó el ingenio popular para crear episodios inverosímiles, que nunca han sido contrastados. Otras estafas, de menor calado, sí se tradujeron en denuncias, como aquel cliente al que le cobraron por un botellín de agua mil pesetas. La mitología sobre O Franco también está forjada por acontecimientos que se sitúan en el terreno de la triquiñuela más que de la estafa. Existe un variado elenco de señuelos para engrosar las cuentas de las consumiciones o de las compras. Durante el Xacobeo de 1999, en un mismo establecimiento, un turista francés pagaba 500 pesetas por un bastón de peregrino, mientras que un castellano hablante lo adquiría por 300. El repertorio de quejas sobre los bares es inagotable. Algunos denuncian un truco muy extendido. Antes de que el turista ojee la carta, el camarero puede decirle que tiene un besugo o una lubina riquísima. Si se deja enredar, comprabará la riqueza: mil o dos mil pesetas más caro. Otro ardid que suscita quejas es la cicatería en las raciones los días de muchedumbre: diez anillos de un sospechoso calamar rebozado, media docena de pimientos. O Franco da abrigo a numerosos negocios de calidad, en los que se ofertan variados y suculentos platos. Pero hay turistas que se quejan de ser una presa inocente para la engañifa y el regateo. Ellos no han pedido una ración de cáscaras de almeja a la marinera. Por bien que sepan. Los peregrinos, para conchas, ya tienen otro símbolo. La hermosa vieira.