La tercera edición del Festival Internacional de Música de Galicia dejó un saldo de dieciséis conciertos en la ciudad Los más fieles al Festival de Música de Galicia no se arredraron ni por la amenaza de lluvia ni por el frío algunas noches. Claro que esta tercera edición fue la que menos conciertos ofertó al aire libre, contraviniendo en parte el objetivo de llegar a públicos muy amplios, atraídos por el espectáculo de escuchar en vivo y en directo la buena música y los precios populares de las entradas. Los aficionados y neófitos pudieron asistir a dieciséis programas entre los pasados días 2 al 20, sin que faltara un montaje de ópera, un recital lírico y otro de piano, el atractivo de grandes coros y orquestas y formaciones de todos los estilos.
21 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El privilegio de contar con un festival veraniego es innegable. Incluso si la calidad no está a la altura de los más exigentes, porque la música se puede llegar a apreciar sin ser eruditos. La respuesta de público no estuvo a la altura, aunque por las cifras facilitadas por la Consellería de Cultura, responsable de la organización del festival, se vendieron 20.000 entradas. Claro que la cifra suma las localidades de los siete conciertos que hubo fuera de Santiago. En la ciudad, la media de asistencia por concierto debió rondar el 80%, gracias a que hubo cuatro llenos. Muchos vacíos se debieron a las reservas para invitados de Telefónica, la empresa patrocinadora, y de la propia Xunta. Es muy habitual que la gente no cumpla con el requisito de cortesía de confirmar la asistencia, si bien es cierto que algunos invitados tienen el buen criterio de regalar las entradas a funcionarios de a pie o personas de su ámbito que agradecen el detalle y acuden a los conciertos. Las entradas gratis, en todo caso, deberían llegar a entidades de los barrios y a personas que, erróneamente, piensan que la música culta es para ciertas élites. De lo que no hay duda es que con el festival se benefician sectores económicos de la ciudad como la hostelería. No sólo fueron más de mil intérpretes de las orquestas y coros participantes los que se alojaron en hoteles compostelanos, sino también los equipos de producción y montaje. Y todos, además de alojarse, comieron, salieron de copas y hasta puede que compraran paraguas.