Texto: MARIO BERAMENDI Foto: XOÁN A. SOLER FEMENINO Y SINGULAR Maika Ferreira, peluquera
14 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hubo un tiempo en que Santiago era una ciudad endomingada por un ejército de moños y de rayas al medio, peinada al dictado de las misas, las orlas y las primeras comuniones. El viento de los años revolvió las cabelleras y sobre ese aire ha volado la imaginación de Maika Ferreira para hacer crestas, colorear y alisar melenas, rizar lo liso y allanar lo ondulado. Ella ha vivido la transición democrática que pedía el cabello. Hay magos que meten un papel en una caja y sacan un conejo. Maika es capaz de convertir un estropajo en un pañuelo de seda. Esta peluquera no tiene pelos en la lengua. Juega con ellos en sus manos. Maika Ferreira es a la imagen ciudadana lo que las piedra a los edificios de la zona vieja: el cimiento estético. -Coja la tijera: ¿Empresaria o peluquera? -Las dos cosas, pero prefiero el segundo término. Es mi verdadera profesión, de la que estoy orgullosa. -¿Peinaba o despeinaba de pequeña a sus parientes? -Más bien lo segundo. Mis padres no entendían mi vocación. Entonces, en los sesenta, se estilaba hacer una carrera. -No amenazará usted a sus enemigos con el clásico ¡se te va a caer el pelo!... -¡De ninguna manera! Nosotros tenemos que prevenir los problemas, sean de cualquier tipo. En cuanto a la parte estética, creo que los hombres calvos son muy interesantes. Yo me enamoré en los sesenta de uno, era actor y se llamaba Yul Brinner. -¿Y qué me dice del «look» de Iñaki Anasagasti? -Hay que respetar los gustos de cada uno. Yo prefiero la naturalidad y la sencillez. -Sobre su profesión existe la idea de que es un criadero de cotillas... -No es verdad. La gente charla y es abierta. Si por algo me gusta este trabajo es por las aportaciones de las personas. Todo el mundo tiene algo que decir y hay que escucharlo. Ésa es la grandeza del lenguaje y de la comunicación. -Usted trabaja para «Luar» y ha acicalado a personajes como Sara Montiel o Sergio Dalma. ¿No le ponen los pelos de punta? -En absoluto. Tengo una teoría: cuánto más popular es el personaje más sencillo se muestra en el contacto con la gente del pueblo. -¿Le recomendaría más laca o gomina a los personajes públicos de la ciudad? -Cada uno sabe muy bien como cuidarse. Creo que en los últimos años ha habido una mejora y que cada vez vigilan más su imagen. -¿Sobrevalora esa faceta en las personas? -No, lo que ocurre es que es una exigencia para muchas cosas, como por ejemplo, encontrar un trabajo. Ahora bien, hay personas que rinden un culto excesivo al cuerpo. Y los excesos son siempre negativos. -Usted es partidaria de conjugar tradición y modernidad. ¿Le cortaría la melena al Apóstol? -(Risas). Hay imágenes y personajes con tanta fuerza que cualquier retoque lo estropearía todo. Creo que lo dejaría tal y como está.