Laiovento nació con la idea de editar seis títulos anuales y llegó a 180 en una década
SANTIAGO
La editorial Laiovento comenzó su actividad en 1991 con 600.000 pesetas de capital y la idea de publicar seis títulos anuales. Pero el reciente volumen conmemorativo Xuana de Vega ou «Os Mártires», de Antón Vilar Ponte, representa el 180 de su primera década de andadura, en la que se reveló como la firma gallega más dinámica y renovadora. Xosé Manuel Beiras atribuyó el éxito alcanzado a la «integración» que caracterizó este proyecto. El líder del BNG y docente de la Universidade de Santiago fue quien reunió a los otros cinco socios: el librero Xesús Couceiro; el impresor Manuel González; el diseñador gráfico, Pepe Carreiro; el empresario Afonso Ribas; y el intelectual y director literario, Francisco Pillado Mayor. La profesora de gallego Mercedes Queixas colaboró muy estrechamente con la firma hasta hace unos meses, en que fue sustituida por Sandra Vilaseco. La producción de Laiovento se diferenció del resto de la oferta del país por primar el ensayo y las traducciones y, dentro de la literatura, los textos teatrales. En breve completará su repertorio con obras clásicas de Erasmo y Diderot. Francisco Pillado resaltó títulos de Otero Pedrayo (en edición de Aurora Marco), Francisco Rodríguez, Pilar García Negro, Guisán Seixas, Manuel Lourenzo, Goethe, Manuel Ferreiro, Antón Capelán, Carlos Velasco, Louis-Jean Calvet, Dionisio Pereira, Daniel Soutullo o del propio Xosé Manuel Beiras (autor del primer libro publicado, Prosas de Combate e Madizer, y que también reeditó su ensayo, ya clásico, O atraso económico da Galiza) entre los que mayor receptividad alcanzaron. El director de Laivento criticó el «talibanismo lingüístico» observado en esta década en Galicia e insistió en el respeto que mantuvieron con la libertad de los autores, tanto ideológica como lingüística. También manifestó que la «crise das ''vacas tolas'' non chegou ao mundo editorial galego» pues no cedió «á histeria do mercado» como en otros lugares, que ofrecen un panorama «patético». Francisco Pillado, Afonso Ribas y el propio Xosé Manuel Beiras coincidieron en resaltar la generosidad del librero Xesús Couceiro en esta década. También criticaron la política de subvenciones de la Xunta (así, Otero Pedrayo no logró ayuda por no utilizar la «normativa oficial», cuando ésta no existía cuando él escribía, según indicaron) y la ausencia de un plan de traducciones como por ejemplo en Cataluña.