La Universidad de Santiago cuenta con ciento cincuenta alumnos de más de 55 años que realizan estudios del cuarto ciclo «Es una desgracia mía que tengo», explica Jesús Blanco. La desgracia de este vecino de Abegondo es que a sus setenta y tres años se niega a dejar de estudiar. Por lo que, carpeta en mano, viaja dos veces por semana a Santiago para sus clases de Historia del Arte, Biología aplicada y Sociología de la comunicación. Generosa Blanco, cumplidos los setenta, ha escogido la materia de Informática, «y no tengo ni idea, pero aunque sólo sea para conocer algo el lenguaje». A pesar de que en su juventud no tuvieron la oportunidad de realizar una carrera, ahora que se les presenta la oportunidad no la dejan escapar. Son 150 alumnos mayores de 55 años que participan en los cursos del cuarto ciclo que organiza la USC. Toda una lección de «mens sana in corpore sana».
25 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.«Si es que hasta prefería ir a una conferencia que al cine», comenta Generosa. Y claro, así no es extraño que en el momento de jubilarse decidiera ponerse a estudiar. Durante este curso, 150 alumnos acuden a la Universidad de Santiago para conseguir su acreditación de diplomados o licenciados. Aunque tienen que ir de una facultad a otra, no quieren ni oir hablar de pellas o de pedir apuntes. «Ni se prestan apuntes, ni se copia en los exámenes, pero es cierto que los profesores no son demasiado exigentes», cuenta Alejandro Sánchez, agente forestal. Para este jubilado, volver a las aulas es una eficaz medicina para combatir problemas de la vejez como la depresión o el estrés, «y para saciar inquietudes que tenemos». En casi todas las facultades de la USC puede verse algún día a la semana a estos estudiantes entrados en años. Aunque la relación con el resto de los universitarios es escasa, entre ellos se establecen numerosos lazos de compañerismo, «al ser tan grande la universidad no hay relación con otros estudiantes, pero en nuestras clases el ambiente entre nosotros y con los profesores es muy agradable». Preparación Los profesores tampoco pueden quejarse de sus alumnos, aplicados, activos, y trabajadores. «Son xente moi heteroxénea, e coa característica de que moitos deles xa son licenciados, e sobre todo mestres», asegura Luis Celeiro, que imparte clases en la Facultad de Ciencias de la Comunicación.