Con las manos en la masa

NACHO MIRÁS SANTIAGO

SANTIAGO

La Guardia Civil estrecha el cerco sobre los ladrones de material de construcción en Cacheiras y Milladoiro No sólo los empresarios del ramo iban a beneficiarse del boom de la construcción. Junto a las urbanizaciones que están floreciendo en los alrededores de Santiago, sobre todo en Cacheiras, Milladoiro y Bertamiráns, ha salido también un parásito que está dando más de un dolor de cabeza a la Guardia Civil y a los constructores. Se trata del «robaplaquetas», una especie de rapiña que ha actuado en varios edificios. Sus herramientas: un coche, un remolque y dotes interpretativas.

30 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Llaman al portero automático. El individuo se identifica como un vecino que todavía no tiene la llave del portal y que necesita bajar al garaje. Desde arriba, confiados, y para hacer amigos, le abren sin saber que están haciéndole un favor a todo un profesional del robo. La Guardia Civil sigue la pista estos días a una o varias personas que en las últimas semanas se han puesto las botas en las urbanizaciones de los alrededores de Santiago. La zona más afectada ha sido Cacheiras, donde los cacos han actuado en distintos bloques. Una vez que los obreros han dejado el trabajo, a eso de las siete de la tarde, comienza la rapiña nocturna. Los ladrones actúan amparados por el hecho de que, en una construcción nueva, nadie suele conocer a nadie; un desconocido puede ser un obrero, un vecino, cualquier persona. Un testigo presencial asegura que hace dos fines de semana vio como dos individuos se llevaban cajas de baldosas enteras de una urbanización de reciente factura en plena carretera de A Estrada. Para las labores de transporte del material se ayudaron de un Peugeot 405 con remolque incluido. La Guardia Civil dice que, en otros casos, los cacos van directamente a por las herramientas: taladros, cortadoras, atornilladores, llaves... Todo vale a los amigos de lo ajeno. Una gran parte de estos efectos se pueden encontrar a la venta después en diversas tiendas de segunda mano, y no precisamente de Santiago, porque los cacos tampoco son tontos y prefieren vender la mercancía en localidades como Vigo o A Coruña, donde han proliferado este tipo de establecimientos.