Con lágrimas a Tindouf

SANTIAGO

Un centenar de niños saharauis se despidieron ayer de sus familias tras dos meses en Galicia Con un puñado de amigos, de lágrimas y de interrogantes. Así se marcharon ayer un centenar de nuños saharauis para regresar a una zona de África que espera celebrar en los próximos meses un proceso de autodeterminación. Pero a los chavales eso les daba igual. Enfundados en camisetas de Pokemon o del Compostela, cogieron billete de vuelta a Tindouf con la mirada puesta en las familias que dejaban en Galicia. A la llegada les esperaba un desierto que nada tiene que ver con la playa de Riazor.

07 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Lavacolla era ayer como una gran guardería en el que la mayoría de maletas llevaba la descripción de exóticos lugares y la foto de un pequeño. «El año que viene repetiré experiencia, pero sólo si me toca con el niño de este año», decía una madre entre lágrimas. Otras, conteniendo la emoción, y, las menos, sonrientes, despedían a los saharauis de Lavacolla. Todas las familias coincidían en afirmar que el próximo año pedirían de nuevo alojar a uno de estos niños. Y ellos, entre risas y un español con acento gallego, repetían insistentemente «esto está muy bien». En total han sido dos meses en los que los niños han disfrutado del mar de Galicia, de las excursiones y de la compañía de un centenar de familias de toda la Comunidad. Esta misma tarde se despedirán el doble en el segundo gran contingente. De Galicia se van con el mar de fondo, como decía uno de los padres adoptivos, «porque aquí el que ha estado con nosotros ha aprendido a nadar». Playa, piscina, convivencia y mejoras sanitarias. Alguno se iba con gafas made in Galicia en el bolsillo. Otros, con la equipación completa del Compos o camisetas de Pokemon. Jugando con las máquinas de chocolatinas o con las escaleras mecánicas, los niños apenas hacían caso a las indicaciones de unos padres que entre lágrimas se aferraban al «no lo voy a volver a ver, y eso es muy duro». Ellos, ajenos a lo que pasaba detrás, reencontraban a viejos compañeros de tierra. A la espera de lo que ocurra en el futuro, por delante les quedaban varias horas de viaje y un país a sus espaldas.