Dos teloneros y un mar de dudas

Rusia y Arabia, las dos peores selecciones por ránking, abren el Mundial


El Mundial de Rusia abre el telón, y lo hace reuniendo a las dos peores selecciones, por ránking, en el partido inaugural. La anfitriona Rusia, que ha ido de tumbo en tumbo en los partidos de preparación, frente a la Arabia Saudí de Pizzi, una selección que ha intentado apurar el paso mandando a alguno de sus jugadores a equipos españoles a cambio de dinero, aunque la mayoría de ellos solo para entrenar. Además, el estadio Luzhniki de Moscú afrontará el primer gran examen de un mundial que pretende enseñar el músculo de Rusia al mundo, pero que parte con la amenaza de los grupos ultras y sus todavía recientes provocaciones racistas. Y de postre, será el día del estreno mundialista del VAR con todas sus incógnitas de funcionamiento.

En lo deportivo, difícilmente se pueden encontrar teloneros tan poco ilusionantes en la historia de la Copa del Mundo. Solo el papel de organizador le da cierto crédito a una selección rusa que ha ido acumulando fracasos a nivel internacional en los últimos tiempos (solo ha ganado dos de los últimos diez amistosos) y que lleva 32 años sin superar una fase previa de un Mundial (ya se ha perdido tres desde entonces). La esperanza es la magia del joven Golovin, el centrocampista del CSKA que es el único de ilusión a la afición rusa.

Tal es la endeblez local, que hasta Arabia, tres puestos más arriba en el ránking FIFA (67 y 70 respectivamente), está convencida de que puede dar la sorpresa en el partido inaugural. Juan Antonio Pizzi, el seleccionador que llegó al cargo hace menos de un año, pide protagonismo para el equipo árabe apostando por la posesión de balón y por demostrar que los suyos han mejorado con las últimas apuestas exprés: algunos de los mejores jugadores se pasaron los últimos cinco meses como secundarios en equipos de la liga española y ficharon al alemán Oliver Kahn como preparador de porteros. Del acierto debe encargarse Al Sahlawi, un treintañero del Al-Nassr que ejerce de estrella del equipo tras marcar 18 goles en 40 partidos internacionales.

El partido será una especie prólogo de todo lo que espera al fútbol en Rusia hasta el 15 de julio. Para comenzar, la aplicación del VAR y sus consecuencias. Conocer su influencia en el partido, las interrupciones que provoca y medir el nivel de aceptación del aficionado.

Ellos, especialmente los rusos, también estarán bajo el foco, en este caso mundial. Putin quiere dar ejemplo, pero necesita que no se le alborote la grada sin recurrir a métodos extremos. Los ultras locales han campado a sus anchas por Europa provocando más de un destrozo y se han estado preparando en descampados para la batalla del Mundial. De paso, han mandado recados xenófobos y racistas en más de un amistoso de su selección. Dos preocupantes asuntos que podrían enturbiar la mayor expresión de la fiesta del fútbol, una Copa del Mundo.

Ningún líder occidental acompañará a Putin en el acto de inauguración

El Mundial de Rusia echa a andar esta tarde con polémica. Vladimir Putin, el presidente ruso, presidirá el acto de inauguración acompañado por un puñado de mandatarios extranjeros, entre los que no habrá ni uno llegado de países occidentales. La ceremonia de inauguración será además más corta de lo habitual, durará solo media hora.

La ausencia de líderes occidentales, al menos al comienzo del campeonato, ha contribuido también a deslucir la inauguración. Putin y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, presidirán este jueves el evento, junto a ellos estarán mandatarios de las repúblicas más próximas del antiguo estado soviético y los presidentes de Bolivia, de Panamá, de Ruanda y el primer ministro del Líbano, Saad Hariri. Acuden también el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed Ben Salman, y el presidente de la Asamblea Popular Suprema de Corea del Norte, Kim Yong Nam. Pero ni un solo líder europeo.

Quienes ya han avisado de que no aparecerán en ningún caso por el Mundial son la familia real británica, la primera ministra, Theresa May, y el resto de los miembros del Ejecutivo y altos funcionarios del Reino Unido como forma de protesta por el envenenamiento del exagente Serguéi Skripal y su hija. Tampoco habrá dirigentes de Australia, Dinamarca, Islandia, Polonia y Suecia, en solidaridad con Londres o a causa de las tensiones desencadenadas por la anexión de Crimea y la ayuda a los separatistas del este de la vecina Ucrania. 

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