Efímero y perpetuo

Manuel Díaz Aledo

RELATOS DE VERÁN

10 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En la paz y sosiego de aquella biblioteca, cogí y abrí el diccionario de la Lengua para buscar determinado término. En concreto “etéreo”. Y fue entonces, cuando súbitamente se produjo una gran trifulca. Pude ver enseguida que era una fuerte disputa entre dos palabras: efímero y perpetuo. Sorprendido ante tan insólito suceso, me quedé clavado, sin reaccionar. Tú aburres a las ovejas, siempre igual, siempre lo mismo chillaba “efímero” con la tez rojiza y la voz rasgada por la ira Con tu eternidad, con tu duración sin fin, eres hasta cruel con tus sustantivos. Pues anda que tú, “efímero” le contestaba agresivo y agitado “perpetuo” lo haces nacer y lo matas al instante. No le das la menor esperanza. Eres cruel y despiadado. Eso no lo tolero y menos salido de boca malsonante como la tuya. Hasta eres palabreja fea y desvaída. Ya… si… pero tú no eres nada, te deshaces en tu propia esencia

A la vista del escándalo se fueron acercando otras palabras que merodeaban por allí Entre ellas pude ver a “pasajero”, a “fugaz”, a “huidizo” y “perecedero” que llegaban juntas. Y hasta el pequeño “breve” se asomó a ver qué pasaba. Y todas estas, apoyaron a “efímero”, acaloradas y violentas. Por su parte, “duradero”, “imperecedero”, “inacabable” y algunos otros se posicionaron de parte de “perpetuo”.

En medio de aquel creciente alboroto, permanecía sin saber qué hacer ni qué decir. Los minutos pasaban mientras mantenía el grueso volumen abierto. Entonces metieron de lleno al tiempo en la disputa. Y claro, “perpetuo” decía que le daba vida para siempre. Mientras, “efímero” salía con que lo hacía nacer cada poco. No pude resistir más aquella discusión tan inútil como irreflexiva. Cerré con fuerza aquel diccionario. Y el silencio volvió a inundar la estancia de la biblioteca.

Manuel Díaz Aledo. Economista. 78 años. A Coruña.