Yo tenía diez años y vivía en Farbán, el lugar mágico donde los veranos sabían a juegos, a sol y a pan con nocilla. Recuerdo el colegio al que mamá (qué bonita jaula eran sus abrazos) me acompañaba todos los días, y cómo fue precisamente en el colegio, donde alguien apareció con unos cromos brillantes de una película en los cuales salían robots, naves espaciales y un héroe contrabandista, Han Solo. Pasó el tiempo y se anunció la película en el cine Cissa. Ese día esperé a que llegara papá de trabajar, y cuando aún no había apagado el camión me colgué de la puerta gritándole que «había llegado», que «ya estaba aquí». Papá me cogió en sus brazos y me preguntó que quién había llegado, que quién estaba aquí. Le dije, gesticulando, que habían llegado los robots, las naves espaciales y Han Solo. Él ya lo sabía. Y llegó el gran día, y papá me llevó al cine. Recuerdo que pagó la entrada y me dijo: «Vete tú, hijo, a mí no me gusta el cine». Yo entré, y él se quedó fuera mirando el suelo. Nunca miraba al suelo. Aun hoy me duele. Cuando me senté en la primera butaca que encontré libre, me di cuenta de que nunca había ido al cine, y allí me quedé, sentado, fundido en la butaca hasta que se apagó a luz… y se encendió la magia. Y aparecieron unas letras amarillas muy grandes que se hacían pequeñas, y robots, y naves espaciales, y un señor de negro con laringitis, y un felpudo que gruñía y voló el Halcón Milenario a la velocidad de la luz, y Han Solo liberó a la princesa Leia y… y salí del cine buscando a papá desesperadamente. Lo vi sentado en un banco, me vio llegar y me esperó de pie, con los brazos abiertos y con lágrimas en los ojos. Pasé todo el camino de vuelta a casa contándole la película, pilotando el Halcón Milenario, él sonreía triste cogido de mi mano. Con el paso del tiempo, supe que a papá le encantaba el cine. Con el paso del tiempo, supe que papá no entró conmigo porque no había dinero para entrar los dos. Ahora sé, con el paso del tiempo, que él, mi padre… era Han Solo. Mi Han Solo. Te echo tanto de menos…
Manuel Vilaro Pombo, abogado, 51 años, Sarria.