Una pena de función

Olga Moure Fernández RELATO

RELATOS DE VERÁN

-¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, que es esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor?

­-¡Inténtelo de nuevo, señor Mato! Creo que usted lo puede hacer mucho mejor. Imagínese que, por un momento, yo soy doña Inés. El señor Mato lo miró sin mucho convencimiento. Tenía delante a un tipo más bien feo, pálido y desdentado que lo miraba con ojillos divertidos.

-¡Haga el favor, Bermúdez! No me mire usted así o no podré decirlo correctamente.

Bermúdez se giró y se colocó justo de cara a la pared.

-¿Está bien así, señor Mato? Quizá si no me tiene usted a la vista se podrá concentrar con más facilidad. Si yo fuese el elegido no tendría tantas dudas pero… ¡dígalo como sepa señor Mato! Creo que para esto del teatro hay que nacer. No vale cualquiera. Cierto que yo no tengo su planta, ni su porte, señor Mato. Yo no soy refinado. Tampoco elegante. A usted se le nota que ha estudiado en buenos colegios y que se ha movido, como pez en el agua, en ambientes exclusivos. Usted luce mucho en el escenario, señor Mato. ¡Vamos, inténtelo de nuevo!

-Está bien Bermúdez, pero no le permitiré más interrupciones. ¡Hágase cargo! Podría perder la concentración… ¡Ah! ¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla…?

-¡DIN, DON, DIN! -LES INFORMAMOS QUE LAS LUCES DE LAS CELDAS SE APAGARáN HASTA MAÑANA- ¡DIN, DON, DIN!

-¡ARG! ¡Qué aviso más inoportuno! ¿No le parece, Bermúdez?

Bermúdez ni siquiera le contestó. Hacía cinco minutos que dormía, a pierna suelta, en su litera.

Olga Moure Fernández. 52 años. Pensionista. Natural de Mugardos, residente en A Coruña.