01 ago 2019 . Actualizado a las 05:00 h.
La sala de cine era su hogar; la pantalla, su única familia. Acurrucada en la butaca, envuelta en el dulce abrazo del celuloide, se sentía feliz.
La fábrica de sueños la alejaba del dolor y le hacía olvidar una infancia rota.
La oscuridad invitaba a sumergirse en otra realidad: príncipes y coristas, vidas rebeldes navegando en un río sin retorno.
Soñaba que algún día su nombre aparecería en grandes letras luminosas. Tal vez su lugar no estaba en este mundo, sino en algún rincón más allá de las estrellas.
Mientras llegaba ese momento, debía conformarse con ser, simplemente, Norma
Jean.
Almudena Gracia Castro, 57 anos, funcionaria, A Coruña.