Sueño de anoche

Áurea Antía Sóñora Rivas

RELATOS DE VERÁN

Áurea Antía Sóñora Rivas. 18 años. Estudiante

19 ago 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Exploraba un paisaje de campo, con prados, bosques y montañas a lo lejos. Sin embargo, todo era naranja; los árboles, la hierba, las piedras eran naranjas. El cielo también era naranja, como si estuviera atrapado en un estado perpetuo de crepúsculo. Caminé hasta que me encontré con una villa, naranja, resguardada entre dos montes.

No había señales de vida en sus calles, y al ver que las casas tenían todas las puertas y las ventanas abiertas pronto me di cuenta de que estaba completamente abandonada. Dejándome llevar por la curiosidad decidí entrar en uno de los edificios monocromáticos, para ver si me encontraba algo que me contase sobre el enigma.

Era un interior muy limpio; definitivamente alguien lo había estado cuidando. Una cocina y un salón impolutos. Subí al segundo piso y en el cuarto principal me encontré con una figura completamente negra sentada en un escritorio. Contrastaba enormemente con el mundo completamente naranja y se podía adivinar una forma humanoide. Al verme, se levantó inmediatamente y me preguntó cuál era la causa de mi visita. Le respondí que simplemente me había topado con ese pueblo abandonado y que tenía curiosidad por lo que había. Pronto me disculpé por si le había molestado. Sin embargo, objetó mi respuesta: «¿Abandonado? Este pueblo no está abandonado; está lleno de vida. Y yo soy el escritor del pueblo, me encargo de proveer a la gente de ilusión en sus vidas y de compañía en sus tardes. Y no te preocupes, no me has molestado, puedes sentarte si quieres».

La sombra y yo nos sentamos con algo de vacilación. Me contó sobre su profesión: «Las vidas de las personas son caóticas y no siguen hilo argumental alguno, por eso se aferran tanto a las historias. Quieren verse reflejadas en ellas y eso les da algo en lo que apoyarse para poder continuar su viaje. Debido a esto, es mi responsabilidad aportar a este pueblo de relatos...».

No quise cuestionarle y le di gracias por su hospitalidad. Me levanté y me marché del pueblo.