Un suceso extraño


Era una calurosa tarde de verano, en la que toda la gente andaba paseando y jugando al aire libre. Yo y mi gato, Marcelino, en cambio pasábamos la tarde en casa, él tumbado a mi lado, ronroneando animadamente, mientras yo escuchaba mi grupo favorito. Con el calor que hacía, la tentación por darme una ducha fría era irresistible. Me dirigí al cuarto de baño, que se situaba en frente de mi dormitorio. Entré y me desvestí. Cuando corrí la cortina de ducha me encontré a un diminuto personaje fantástico, que creo recordar que era un duende irlandés, sentado y con una taza pequeña de té.

-Hola, me llamo Trevor. ¿Lo pillas? Como trébol -dijo riéndose el duende.

Llamando a mis padres desesperado, corrí hacia la cocina esperando encontrar a mis padres, pero por desgracia no. En su lugar había cientos de aquellos personajes haciendo una merienda. Creo que alguno me había hablado, ya que en ese momento, me imagino, perdí el conocimiento, porque no logro recordar… En cuanto recuperé el conocimiento, lo primero que vi fueron aquellos personajes mirándome, y alguno que otro tocándome con sus dedos largos. Reconocí a uno de ellos, ya que era el de la ducha. En ese mismo instante salí como un rayo hacia el fondo de la encimera. Marcelino se acercó a mí, con un duendecillo. En ese momento Marcelino habló, desconcertado, y escuché atentamente lo que Marcelino pronunció.

Esa tarde mi vida cambió por completo. Tuve que dejar la vida anterior para estudiar la naturaleza, había que aprovechar aquella oportunidad que me habían dado los duendecillos. A partir de ese momento me hice experto de los tipos de plantas de té, y de la mayoría de animalillos fantásticos que poblaban aquel mundo. Esa visita fue lo mejor y lo peor de mi vida. El que está escribiendo esta historia de mi pasado (unos dos millones de años) no soy yo, es mi clon que se sitúa en la Tierra, ya que yo me encuentro más allá de la Vía Láctea en busca de nuevas especies.

Y con esto termino, si se os presenta un animal fantástico, escuchadle y no salgáis corriendo, en cambio si ese animal es un troll, huid.

Andrea Fernández Fernández, 14 años. Meirás, Valdoviño. Estudiante.

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