Ainhoa Gondar Lorenzo. 15 años. Vigo. Estudiante
17 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Un chico asombroso corrompido por lágrimas, lágrimas utilizadas como falsas excusas. Dime por qué debería creer tus palabras. Tus falsos te quiero, tus falsos te extraño. Palabras, simplemente palabras. Cada vez que abres la boca, poco a poco el número de ellas aumenta creando una barrera que no permite la entrada de los rayos del sol. De esta manera, poco a poco, mi mundo se oscurece hasta que ya solo queda la luz de la pequeña vela sobre mi mesa, cuya llama, a pesar de sus esfuerzos por mantenerse encendida, progresivamente se va apagando.
Finalmente, ya a oscuras, me escondo tras mis brazos tratando en vano ocultar mis sollozos. Logré distinguir una voz a lo lejos llamándome. ¿Acaso después de todo algo de lo que decías era cierto? Sequé mis lágrimas y me incorporé, miraba alrededor en busca de tu luz, pues aunque nunca quisieras creerme, tú brillabas con luz propia. Comencé a caminar, no sabía hacia dónde iba, pero de algo estaba seguro, me dirigía al lugar donde tú te encontrabas.
Cuanto más avanzaba más seguro estaba de que, aunque tus palabras fueran falsas prefería morir ahogado en tus mentiras que hacerlo ahogado en mis propias lágrimas. Puesto que deambulaba por una completa oscuridad, no me percaté que delante mía se encontraba un abismo profundo. Caí en él igual que caí en tus mentiras.